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Correa: La autoridad moral del papa es inmensa

El presidente elogió el papel mediador del papa Francisco y defendió cómo combatir las consecuencias del cambio climático.

ROMA. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, cree que “la autoridad moral del papa es inmensa” y elogió su papel mediador en una entrevista concedida a la Agencia Efe y a Radio Vaticano.

El mandatario ecuatoriano defendió, además, cómo combatir las consecuencias del cambio climático tras participar como único jefe de Estado en un foro auspiciado por la ONU y el Vaticano.

¿Cuál es el contenido de su reunión con el papa en el Vaticano?

La impresión es la de siempre; es la segunda vez que tengo audiencia privada con el papa y no sé ni qué decir, es abrumadora la experiencia. En todo caso, mi gratitud inmensa al Santo Padre por esta oportunidad que me ha dado nuevamente para reunirnos. Y hablamos básicamente sobre el taller sobre cambio climático, de la nueva encíclica y de su próxima visita a Ecuador. Estará allá, en nuestro país, el 5, 6 y 7 de julio. Es la primera visita oficial que realiza a Latinoamérica. Ya estuvo en Brasil, pero para el Encuentro Mundial de la Juventud. Es la primera visita oficial que realiza y empieza por Ecuador, luego va a Bolivia y luego a Paraguay.

Señor presidente, ¿qué espera usted de esta visita apostólica a nivel de país?

Como jefe de Estado, voy a recibir a un jefe de Estado, que es el papa, el Santo Padre. Es una visita pastoral y como católico eso me llena de esperanza, de alegría. Creo que para creyentes o no creyentes es un enorme viento fresco que llegó a la Iglesia, llegó a Latinoamérica, que ahora llega muy particularmente a Ecuador. Creo que nos va a llenar de energía para seguir trabajando, para seguir luchando por el bien común, con todas nuestras capacidades.

Usted ha participado en un taller dedicado sobre todo al cambio climático y ha propuesto un cambio en las relaciones entre países ricos y países pobres en relación con el combate contra el cambio climático. ¿Qué aliados tiene usted en esta nueva idea sobre las relaciones entre países ricos y países pobres?

Ninguno pero así se empieza. La verdad es que estuvimos antes y después de la audiencia con el papa en el taller de las Naciones Unidas y el Vaticano, tuvieron la amabilidad de invitarme porque Ecuador ha tenido algunas iniciativas, como la Iniciativa Yasuní, que, lamentablemente, fracasó pero el concepto es válido. Yo creo que nos adelantamos un poquito a nuestro tiempo. Y eso lo dijo (el economista) Jeffrey Sachs también en el taller, en la sesión, delante de mucha gente. En todo caso creo que los argumentos son impecables, se trata de justicia ambiental, se trata de que los países generan bienes ambientales que son de libre acceso pese a que el consumo o sobreconsumo de estos bienes afectan a los bienes. Hay bienes que usted puede utilizar una y otra vez, que no nos afecta. Por ejemplo, un software, pero utilizar la naturaleza, enviar gases de efecto invernadero, etcétera, crea trastornos con el cambio climático, que es el mayor problema que tiene que enfrentar la humanidad, no solo los pobres, porque si continúa el cambio climático de pronto todos seremos pobres, si es que sobrevivimos. En todo caso esos bienes ambientales que generamos por esos bienes ambientales, sobre todo en los países de la cuenca amazónica, pulmón del planeta, por esos bienes ambientales no recibimos nada a cambio.

Pero si usted quiere utilizar conocimientos que se generan en el primer mundo -tecnología, ciencia, etcétera- tiene que pagar royalties, son productos patentados, cuando debería ser lo inverso: ese conocimiento, que no tiene lo que se llama en economía rivalidad en el consumo, deberían darse incentivos para que una vez creados la mayor cantidad de gente los pueda utilizar. Y estamos hablando básicamente de conocimientos para mitigar el cambio climático, para hacer más eficiente nuestra economía, lo que se llama la desmaterialización de nuestras economías.

Es decir, producir más con menos cantidad de energía, con menos cantidad de recursos o, lo que es lo mismo, con menos cantidad de energía-recurso. Pero, llevado este ejemplo a otros campos, como la medicina, usted sabe que hay medicinas que se las venden a mil dólares y cuestan un dólar. Lo que están (haciendo) es recuperando la inversión y obteniendo ganancias extraordinarias. Eso no tiene sentido. Cuanta más gente utilice la medicina ya creada, mayor bienestar. ¿Por qué se hace esto? Sólo por el fin del lucro, es la privatización de un bien público sin rivalidad en el consumo, técnicamente hablando es eso. Ahí se debería incentivar el consumo: una vez creado el bien, mientras más intensidad del bien, mejor. En cambio, en bienes ambientales, donde tiene efectos devastadores ese sobreconsumo, debería restringirse el consumo. Por eso hay que firmar (el acuerdo de) Kyoto. Hay que ampliar Kyoto, y presentamos el concepto de emisiones netas evitadas. Y se hace exactamente lo contrario. ¿Por qué? Porque el problema no es técnico, es político.

Señor presidente, ¿existe un equilibrio entre el derecho al desarrollo sostenible y el derecho de la naturaleza?

Yo creo que sí, ahora, no hay que olvidar, cuidado y no caigamos en extremismos: antes se creía que el ser humano era lo único importante en la naturaleza, y se despreciaba la naturaleza, fuente de vida. Se creía que la economía funcionaba solita, con la ley de oferta y demanda, los precios, cuando es parte de un sistema mayor, que se rige por leyes físicas. Pero tampoco podemos caer en el otro extremo, como algunos lo piensan: creer que el ser humano es un estorbo en la naturaleza. Y dejar de luchar contra la pobreza, intocada por mantener la naturaleza. Toda acción humana tiene impacto en la naturaleza. El desafío es minimizar eso. En otras palabras: si antes se pensaba que el ser humano era lo único importante en la naturaleza por supuesto estábamos equivocados, pero sigue siendo lo más importante de la naturaleza y creo que con una adecuada noción de desarrollo, que no puede ser la noción actual, el acumular, el materialismo, el tener cada día más… generalizar el nivel de vida de los países llamados desarrollados sería imposible, no alcanzarían los recursos del planeta. Se necesita una nueva noción de desarrollo, una vida más sencilla, satisfaciendo necesidades de base, en armonía con la naturaleza: es uno de los conceptos que tiene nuestros pueblos ancestrales, se llama el Sumak Kawsay (buen vivir). Entonces hay que cambiar la noción de desarrollo para lograr lo que usted dice, una buena vida, un buen vivir, un desarrollo sostenible, en armonía entre el ser humano y la naturaleza.

Su país defiende que la lucha contra el cambio climático no suponga una restricción del comercio internacional. ¿Dónde ve esas restricciones y qué manera hay de evitarlas?

Lo que puede provocar son cambios históricos en los flujos monetarios, en la redistribución del ingreso planetario porque en un momento dado si tú empiezas a compensar, y tiene mucha lógica ambiental, económica, en cuanto a derecho… Si tú comienzas a compensar, en cuanto a justicia, bienes ambientales, y los productores de bienes ambientales por ejemplo son los países de la cuenca amazónica, los consumidores son los países del norte, y los flujos, porque nosotros tenemos una gran deuda financiera con los países del norte… Si se contabiliza la deuda ecológica probablemente los acreedores seríamos nosotros y si se compensan esos bienes ambientales y su consumo por parte de los grandes contaminadores, Estados Unidos, China, etc. , los flujos hacia los países pobres en este caso en particular los de la cuenca amazónica serían inmensos. A esto me referí, que habría cambios históricos en los flujos de dólares y en las relaciones comerciales, de intercambios si tú quieres, a nivel internacional.

Pasamos a otro tema, el de los inmigrantes ecuatorianos. Usted acaba de estar en una cena con las familias de inmigrantes, los compatriotas ecuatorianos, ¿nos puede decir cuáles son las principales problemáticas que les afectan?

Usted es ecuatoriana y usted conoce la historia de su país. Nuestro país no era un país de alta emigración. Todo fue fruto de la debacle social, económica, en todos los sentidos, del neoliberalismo, con el fundamentalismo neoliberal, el famoso consenso de Washington. A inicios de los noventa, se desregularon los mercados financieros, bajo la premisa de que los mercados se equilibraban solitos, se auto controlaban. Se equilibraron tan bien que en el 99 los quebraron a todos. Congelaron depósitos un año, se eliminó la moneda nacional, un desastre completo.

Eso produjo, me acuerdo de unos cálculos de pocos años, dos millones de personas que salieron del país, una verdadera tragedia nacional, familiar. Familias separadas, madres que tienen 15 y 16 años en Europa y no conocen a sus hijos, que los dejaron de seis meses. El inmenso, el infinito amor de una madre: incluso renunciar a su hijo con tal de darle a él con su trabajo una vida mejor. Pero empezó el suicidio infantil, niños de doce años que se empezaban a suicidar.

Hay cantones como Chunchi, en la provincia del Chimborazo, donde más del cincuenta por ciento de los niños se están criando sin sus padres. Una verdadera tragedia nacional. Nos destruyó como sociedad, destruyó familias, centenas de miles de familias, pero eso no aparece en los números macroeconómicos. Y pocos años después, dos o tres años después de que nos quebraran, ya los bancos estaban rompiendo récords en cuanto a utilidades. En todo caso felizmente se ha recuperado la economía del país, hemos logrado levantar la autoestima, hemos logrado cohesionar la sociedad y los flujos migratorios se han revertido, ahora la gente está regresando e incluso están viniendo algunos europeos que por supuesto son bien venidos.

Damos todo el apoyo a nuestros hermanos migrantes, más aún porque… es que la historia es, hay que estudiarla en detalle, es impresionante, de muchos emigrantes. Porque cuando salieron del país el país estaba destruido, y no se olvidaron de su tierra, pese a lo mal que los trató su propio país. Y ese euro que se ganaban en Italia, en España, o el dólar que se ganaban en Estados Unidos lo mandaban al Ecuador. Fueron las famosas remesas de emigrantes, y fue lo que logró recuperar, o al menos hacer que continúe la economía ecuatoriana, mientras que los bancos volvían a romper récord históricos de utilidades y las mandaban afuera, por su falta de fe, de confianza en su propia patria. Nuestro emigrante, con el sudor de su frente ganaba unos sueldos y los enviaban al país. Y eso sostuvo la economía nacional.

Ha mencionado el caso de España en relación con la emigración ecuatoriana, querría saber en ese caso, puesto que su Gobierno ha prestado una ayuda, dirigida sobre todo a resolver situaciones de finanzas personales, su valoración de cómo ha funcionado.

Me hace una pregunta con respecto a España y le insisto: somos muy respetuosos con respecto a la vida de cada país, pero hay cosas que son extrañas. La crisis en España, con todo el respeto, no era una crisis real, las capacidades estaban intactas, pero falta de coordinación económica, íbamos a llegar al peor de los mundos: familias que necesitaban casas, sin casas, y bancos que no necesitaban casas, repletos de casas. No solo eso, hay que ver el origen de la crisis. Cuando había exceso de liquidez se buscaba a la gente para darle crédito, los mismos bancos valoraban la casa, por un efecto burbuja, por la cantidad de liquidez de crédito. Entonces la casa, que valía cincuenta mil euros acabó costando doscientos mil euros. Les prestaban doscientos cincuenta mil para el coche, para los muebles, etcétera. Cuando revienta la burbuja, esas casas que estaban como garantía son garantía, sí, pero al valor actual, entonces resulta que por la crisis ahora solo valen treinta mil. Y las familias se quedan sin casa y endeudadas para toda la vida. Eso no tiene ningún sentido, ni en derecho ni económico. No tiene ningún sentido, es simple supremacía del capital sobre los seres humanos. Todo fue a favor para el capital, todos los riesgos para los seres humanos y todo el peso y el coste de la crisis sobre los ciudadanos. Nosotros no podíamos quedarnos cruzados de brazos pese al respeto por la vida de cada país porque estaban afectados decenas de miles de ciudadanos ecuatorianos, estaban en esa situación, perdiendo sus casas y además quedándose endeudados de por vida. Así que hemos dado también todo el apoyo legal, hemos conversado con autoridades españolas, con autoridades de la Unión Europea y se ha avanzado también mucho, se han logrado defender los derechos de nuestros compatriotas que se acepten casas en dación de pago, o sea, se pierde la casa pero se extingue la deuda. Otros arreglos como pagar lo que se puede mientras se supera la crisis, etcétera. Darles todo el apoyo legal pero también incidir en algunos cambios, con todo el respeto, pero con toda firmeza también porque están involucrados nuestros compatriotas, para cambiar un poco esa institucionalidad europea que, insisto, todo está a favor del capital.

Los emigrantes económicos de los que usted hablaba anteriormente, la gente que salió por toda la situación anterior en el Gobierno que están aquí y que siguen siendo emigrantes económicos están pensando en trabajar, en mandar su platita para la familia… ¿Puede haber un cambio de mentalidad en cuanto al valor de la familia?

Oportunidades hay, todo el apoyo para el retorno. Sí, hay planes concretos, créditos, etcétera. Pero sería mentir garantizarle la vida a todo emigrante que retorna. En todo caso, una precisión: ya no hay tanta emigración económica. La poca emigración que tenemos actualmente es por reagrupación familiar, precisamente. Pero en lugar de volver, algunas familias tratan de traer a sus hijos, sobre todo hacia Estados Unidos. ¿Por qué? Porque allí llevan quince, dieciséis años, en Estados Unidos, en España, en Italia. Hay muchos hijos nacidos aquí, y entonces es muy difícil que esos chicos quieran regresar y más bien traen a los que dejaron en Ecuador. En todo caso, usted conoce como ecuatoriana el valor que le damos a la familia los ecuatorianos. ¿Usted se imagina la crisis económica que hubo para que esa gente esté dispuesta a dejar a su familia, a sus hijos, para ir a otros lares, a tierras desconocidas? También usted lo vivió, ¿verdad? Pero hay madres que no han vuelto a Ecuador (…) pero ese es el amor de madre: prefieren renunciar a sus hijos y trabajar aquí para darles un mejor nivel de vida. Fue una emigración económica al inicio, pero cuán grave debió ser la situación económica para que estuvieran dispuestos a dejar su propia familia, sus propios hijos. Ya no hay esa emigración económica. Más bien la poca emigración que tenemos incluso le insisto, están retornando, es de reunificación familiar.

Su opinión sobre la concepción de la familia.

Es la opinión que está en la Constitución ecuatoriana, obliga al Estado a defender la vida desde la concepción, no deja lugar a dudas, lo dice muy claro. Y el matrimonio lo define como unión de hombre y una mujer, y ya en mi opinión personal, la familia es la familia tradicional, la mamá, el papá y los hijos, es la base de la sociedad. Eso lo hemos hablado claro. El pueblo ecuatoriano libremente ha votado por eso en las urnas y son las políticas y son los principios que vamos a perseguir y vamos a defender. (Efe/La Nación)