Opinión

CONTAGIADOS

Luis Hidalgo

luishidalgov@gye.satnet.net

 

 

 

 

El guardar una disciplinada cuarentena es la forma más eficaz de evitar que el COVID-19 nos contagie. Lamentablemente los ecuatorianos no somos un pueblo donde la disciplina sea uno de nuestros fuertes, de ahí las personas contagiadas y la razón de su elevando su número.

La información que recibimos en el confinamiento crea confusión. Los datos son contradictorios principalmente porque los voceros no tienen la coordinación necesaria. El país exige claridad y más que nada que se le diga la verdad.

Pero lo que realmente preocupa , no es solo que el contagio del COVID-19 siga cobrando la vida de mucha gente que ni siquiera puede tener un entierro digno, sino el hecho de que aprovechando la pandemia se pretenda seguir asaltando- robando el dinero del pueblo.

En el IESS se ha querido adquirir medicamentos e insumos para atender la emergencia con sobreprecios. Un contrato de más de 10 millones a favor de una empresa cuya razón social es la venta de alimentos y bebidas, dejó al descubierto el otro virus del que está infectado el país, la corrupción.

El virus de la corrupción dio sus primeros contagios por los años 2007 – 2008, con la llegada del correísmo. Fue tomando fuerza y se diseminó en tal magnitud que algunos ecuatorianos son portadores asintomáticos y otros peligrosos diseminadores.

No es fácil detectar quién tiene el virus de la corrupción ya que no les da fiebre, ni tos seca, tampoco diarrea. En algunos casos a duras penas hay un pequeño enrojecimiento de las mejillas, pero no es lo más común. Los portadores tienen un estatus diferente y lo demuestran en sus lujos; otros han volado del país para ocultarlo.

Una de las demostraciones más evidente del contagio del virus de la corrupción fue la solicitud que bajo el pretexto de la defensa de los Derechos Humanos busca la liberación de aquellos que consideran presos políticos entre los que está el exvicepresidente de Correa, que desfachatez..

Del COVID-19 muchos saldrán bien librados con la ayuda de Dios y de los cuidados requeridos. Del virus de la corrupción, nos tienen cuenteados con su combate y del que ya cumplimos más de una década, este se volvió inveterado, sin vacuna. Que contagio más maldito.