Opinión

CONSTITUCIÓN RETRÓGRADA

Orlando Amores Terán/Quito

La Constitución de Cádiz, de 1812, estableció los municipios, como instancia básica de gobierno, puso fin a las regidurías. Su característica, la autonomía, con competencia en salubridad, orden público, instrucción, beneficencia, obras públicas, cárceles. La Independencia y la República acentuaron esa autonomía. Sin embargo, la Constitución Montecristi, en el Art.268, permite al Estado, intervenir en el gobierno autónomo.

El intervencionismo estatal, nada lo valida. Es retroceder. De otra parte, el Art.393, asegura una cultura de paz. Para lograrlo, este régimen, triplicó el valor de las armas, volviéndolas artículo de lujo, para las personas honradas. Hoy, solo delincuentes y Estado pueden estar armados. Esta política fue adoptada a partir del Plan Colombia, para desarmar y atemorizar al pueblo. La derecha impuso terrorismo Estatal, con normas confiscatorias a través del SRI; Ley de Armas; normas que tipifican como terrorismo, toda manifestación social; licencia por puntos.

Es inconcebible que este régimen que se dice de izquierda, aplique complaciente, normas jurídicas de extrema derecha. Cierra el círculo de incongruencias el Art. 113, que impide ser candidato, al que haya ejercido autoridad ejecutiva, en gobiernos de facto. Que está bien, pero omite a aquellos que ejercieron autoridad judicial, en gobiernos de facto, que son toda la vieja ralea, que se apropió de las Cortes, en los 80.

No hay propuesta democrática de cambio. Ninguno de los que han detentado poder Legislativo, Ejecutivo o Judicial, deberían continuar; porque son responsables por acción u omisión, del desastre del país; sin embargo, en este régimen están: DP, PRE, ID, MPD.

¿Daría usted a Hurtado, Febres o Mahuad, el control de: Banco Central, Procuraduría, Contraloría, superintendencias, 4 canales de televisión, 5 radios, 2 diarios, ¿y la atribución de disolver el Congreso? No podemos entregar a un solo hombre, tanto poder.

Nos obligan a votar por una Constitución hecha para concentrar poder, que promete redistribuir tierra y riqueza, a expensa de otros.

No tenemos derecho a quejarnos más tarde, cuando violen nuestras garantías y saqueen nuestros bienes. La tiranía, es tiranía, de donde venga. No hace nuevo, lo que es viejo: el débil, se vende por monedas sucias del tormento, que lo padecen los libres.