Opinión

CONSTITUCIÓN PERDIDA Y COSTOSA

Orlando Amores Terán/Quito

Quienes con ilusión democrática esperamos la Constituyente, sentimos que se perdió la oportunidad histórica de cambiar el país, porque en la forma se enuncian derechos, cuando en el fondo se concentra poder.

La Constitución Montecristi huele a traición. Para que funcione esa farsa, pagamos 180 millones de dólares, más 35 millones por referéndum; han gastado 36 millones en publicidad. Con petróleo de 140 dólares: la inflación a más del 10%, el desempleo en el 62%, el crecimiento en el 1.7%. La Carta Montecristi huele a irresponsabilidad.

Si a ello agregamos la tendencia a coartar libertades, pues el Estado regulará contenidos en la programación de los medios de comunicación (19), administrará el espectro radioeléctrico (313), proveerá servicios públicos de telecomunicaciones (314), para cuya gestión constituirá empresas públicas (315); se pone al descubierto, la intención de controlar medios de comunicación, coartar la palabra, vetar la libre expresión. La Minuta Montecristi huele a absolutismo.

A propósito de las/os “libres” que apoyan este régimen, vale recordarles el pensamiento de Franklin -delegado a la Constituyente de EE UU en 1787- “Los signos y toques, hablan un lenguaje universal y tienen el efecto de un pasaporte en cualquier parte del mundo. No pueden perderse, en tanto mantienen su poder. Aunque a su poseedor se le exilie, se lo reduzca a prisión, o se le desprovea de todo, siempre le quedan esas credenciales.

Sus benéficos efectos están reflejados en hechos históricos. Han detenido la mano de tiranos. Han roto barreras levantadas por sectarios. Hombres distintos, de religiones antagónicas y diversa condición, aportaron a la libertad. Quienes son capaces de renunciar a la libertad, a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad, ni de la seguridad”.

Me permito concluir: Entre la devoción a mi tierra y la lealtad a un sujeto, prefiero la primera, es más digno, mientras la segunda, es despreciable, por servil; aun cuando se la encubra como proyecto político. Cualquiera que sea el resultado del referéndum, quienes peleamos por el cambio; con la Epístola Montecristi, retrocedimos en democracia, nos hartamos de cinismo, estamos intoxicados de incoherencias, e indignados por tanto gasto y desperdicio de recursos; para entronizar una tiranía.