Opinión

Conocimiento y entendimiento

Diego Almeida Guzmán/Quito

Forbes Ecuador

 

Mantenernos en el conocimiento sin aterrizar en el entendimiento involucra al riesgo de atesorar las «ideas» lejos de su objetividad. Sucede cuando vivimos lucubrando en un cosmos «idealístico», metafísico sectario, que obnubila la razón.

Un defecto intelectual del ser humano posmoderno es su tendencia a centrar la erudición en el “conocer”, dejando de desafiar al siguiente peldaño docto que representa el “entender”. Se inhibe de tomar conciencia de la antinomia que el proceder puede representar… contradicción entre la idea como abstracción y los fenómenos efectivos frutos de la experiencia. El conocimiento y el entendimiento son dos realidades fusionadas en cópula, al tiempo que complementarias. Bien puede hablarse de que el primero – como sensibilidad – entrevé; el segundo concibe, razona y deduce. Sabiduría es entendimiento, no mero conocimiento. Alardear del conocer sin adentrarse en el entender es limbo poco ilustrado.

Para la teorización kantiana, los pensamientos que carecen de contenido son vacíos: las intuiciones sin conceptos son ciegas, dice I. Kant. De allí la importancia del entendimiento para dar esencia y cabida ética a las reflexiones especulativas puras. Nos enfrentamos a un esfuerzo dialéctico que compagina la noción con la comprobación. El concepto en cuanto tesis redunda en una hipótesis, o en una antítesis. Es imprescindible profundizar en la materia desde el influjo tanto de la razón pura como de la razón práctica. La aproximación es de particular importancia en orden a no mantenernos en la estricta metafísica. Esta, en general, puede desplegar dogmatismos que contrarían al bien-pensar. El cavilar de modo adecuado se materializa en la diligencia posterior que tendrá similar característica.

En el contexto de la teoría del alemán, los juicios como conceptos “entendimentales” son de cuatro categorías: de cantidad, de cualidad, de relación y de modalidad. En el desarrollo de estos se presentan las llamadas “antinomias”, siendo que cada uno entraña una idea que no responde necesariamente a la realidad fenomenológica. Hablar de “cantidad” es limitar el tiempo y el espacio como tesis. Sin embargo, en las dos proyecciones el mundo es infinito, lo que simboliza la antítesis. La absolutez del universo solo puede ser entendida bajo el razonamiento de que al no haber un antes tampoco hay un después; y de que al no existir un límite espacial no cabe un comienzo ni un fin. Magistrales discernimientos kantianos estos.

La concepción del juicio cualitativo demanda del proceso de afirmar y/o negar ese algo sujeto a análisis. Kant habla de la tesis de la imposibilidad de dividir infinitamente lo simple en tanto al hacerlo lo que resta quedaría en la nada. No obstante, todo es divisible ya que de no serlo se estaría contradiciendo la divisibilidad absoluta de la extensión, que conforma la antítesis filosófica del entendimiento atributivo sobre las cosas.

La reflexión relacional – tercera categoría kantiana – es de orden hipotético y de causalidad. Los sucesos se dan de manera natural… pero también requieren de la intervención de la “libertad” como atributo para terciar o no en una acción u omitir la misma. El contra-juicio o antítesis viene dado por el hecho de que en la naturaleza los acontecimientos se generan al margen de cualquier participación voluntaria, pues no guardan “relación” con la contribución de libertad alguna. A ser la libertad discordante con un orden causal, solo confluyen las leyes naturales en las que la voluntad del sujeto no contribuye en algo.

El juicio o concepto del entendimiento, en su impulso de “modalidad”, los concibe Kant como la sospecha de que las manifestaciones en el mundo fenomenológico son siempre autoritarias y por ende decididamente imperativas. Sin embargo exigen de un “ser necesario”. Es decir, son ciertas de forma incondicional (apodícticas): “todo cambio presupone algo que jamás cambia”. A esta tesis kantiana se contrapone su antítesis que reniega de la existencia de algo externo a los fenómenos, pero que influye en el cambio. Esas evidencias se presentan con carácter autonómico a título de asertóricas… se acomodarán por ley fenomenológica sin intervención ajena al precepto.

Mantenernos en el conocimiento sin aterrizar en el entendimiento involucra al riesgo de atesorar las “ideas” lejos de su objetividad. Sucede cuando vivimos lucubrando en un cosmos “idealístico”, metafísico sectario, que obnubila la razón. Las ideas están llamadas a regular el conocimiento siempre y cuando las concordemos con la realidad y con la experiencia. En definitiva, estamos obligados a ponderar la tesis y su antítesis para arribar a conclusiones que tengan sentido y no sean simples delirios.

La subjetividad del brío analítico conduce indefectiblemente a desenlaces viciados. Puede ser empleada como elemento del sumario, pero en este jamás cabe apartarse de la integridad que brinda el equilibrio entre lo subjetivo como examen propio y lo objetivo como atención a los hechos acaecidos. (O)