Opinión

Confusiones

Antonio Aguirre

antonioxaguirre@gmail.com

Durante las dos últimas sabatinas, el Presidente utilizó gran parte del tiempo en explicar que no existe la crisis y se confundió tanto que sus propios acompañantes, entre los que nombró a César que seguramente estaba acompañado por otros coidearios, que al no entender lo que el Presidente explicaba, empezaron a reírse.

Con el respeto que se merece el señor Presidente, me permito opinar, que a pesar de sus dos Masterados y un Phd, como maestro deja mucho que desear  y no es capaz de explicar sus confusas teorías económicas.

Me causó extrañeza que un Doctor en Economía, no sepa y no le guste la contabilidad que es indispensable para cualquier manejo económico, pero lo más sorprendente es que según sus teorías, está convirtiendo el déficit en superávit, labor que solamente un mago o un milagro lo podría realizar.

La radicalización de la revolución va porque va y no habrá marcha atrás en todas las reformas propuestas por el Ejecutivo, siguiendo las enseñanzas del difunto Hugo Chávez. Echando mano a la creatividad que mencionó en el conversatorio de hace unos días atrás,  ya está pensando en  poner impuestos al consumo de agua en vez de reducir el gasto burocrático.

En la proforma presupuestaria para el año 2016 no se consideran ingresos por la exportación de petróleo y esto se debe a que los contratos de prestación de servicios que éste gobierno negoció con las petroleras privadas, se negociaron a un precio base que hoy sobrepasa al precio al cual Ecuador vende su  petróleo, por lo cual, el país no recibe un centavo. Además, de acuerdo a los contratos suscritos entre el Ecuador y las petroleras privadas, el gobierno tiene que pagarles  la diferencia con relación al precio base. En cuanto a las exportaciones públicas,  el precio proyectado en la proforma no cubre los costos de producción por lo cual Petroecuador no tiene recursos para transferir al Presupuesto del Gobierno Central.

Muy preocupados deben estar los dirigentes de revolución ciudadana del siglo XXI por los pronósticos de los resultados electorales en la Argentina y Venezuela que  señalan una perdida abrumadora de los candidatos gobiernistas. De confirmarse los pronósticos se derrumbaría el modelo fracasado del socialismo del siglo XXI.

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