Opinión

Concordar (o la perdición total)

Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil

 

Cómo no añorar los momentos de unidad nacional: la guerra y la selección nacional de fútbol la consiguen. Pasados esos momentos, todo vuelve a la normalidad de la desunión y de las posiciones extremas que, por tales, no contribuyen al progreso del país y al bienestar de los ecuatorianos.

No es posible prescindir de la perniciosa pugna entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, como el ejemplo más claro del aserto. De esta, como mala siembra en tierra feraz, se cosecha paralización, si no atraso. Sus pésimas consecuencias no las sufren sus protagonistas –que sería lo de menos-, sino la nación total y su pueblo, condenados por lo mismo al subdesarrollo, a la inequidad, al aislamiento, a la pobreza. So pretexto de oposición política no hay diálogo constructivo, sí enfrentamiento permanente; la ideología se impone a la razón, los intereses particulares se imponen a los generales, las elecciones venideras son más importantes que el presente y el futuro de la república.

En su orden son las actuaciones de la administración de justicia que, parecería, sólo tiene buenas migas con la injusticia. Con recurrencia tal, que ni asombra ni sorprende, evidencia su alejamiento de la confianza ciudadana. Libera, por las buenas o por las malas, a delincuentes peligrosos y de cuello blanco, tarda procesos y no sentencia, responde políticamente y hace omiso caso al mandato legal, confabula, conspira y más, ahondando deliberadamente las diferencias en perjuicio del indispensable beneficio nacional.

Para rematar, sin perjuicio de la existencia de otros fácilmente reconocibles actores, rol trascendente en el gran pacto de la desunión, aparecen las entidades gremiales lideradas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas, que, de la mano de un violento y comprobadamente terrorista, pese a representar a una muy significativa minoría, incendian, destruyen ciudades, retienen y agreden a policías, paralizan servicios, cierran carreteras, etcétera, a “nombre de los ecuatorianos”, lo cual es absolutamente falso. La inmensa mayoría, en la realidad, condena su accionar.

Enfrentar con éxito la inseguridad ciudadana, el narcotráfico, el desempleo, la corrupción pública y privada, la difícil situación económica y financiera, los problemas de educación y de salud, exige con urgencia deponer hostilidades y mancomunar los esfuerzos. No hay otra manera posible.