Opinión

Conciertos VIP

Juan Javier Campoverde

jj_campoverde@hotmail.com

@JuanCalambre

En nuestro medio se tiene la impresión que mientras más caro, mejor. La regla generalmente aplica, pero a veces no; en muchos eventos artísticos en Ecuador, especialmente no.

Por ejemplo una obra de teatro o danza, se aprecia mejor desde cierta distancia; y existen lugares donde la fila diez de un evento cuesta más que la fila uno. Eso no ocurre aquí. También está extendida la idea que mientras más cerca, mejor. Se vende la entrada de primera fila como la más cara, y todos se convencen que es la mejor localidad; pero no siempre es así, solo que pocos lo aprecian.

En los conciertos musicales en cambio, sin importar la comodidad de la localidad, es normal que el interés esté mayormente en las primeras filas, suponiendo que se es un gran fanático.

En la última década hemos sido testigos que cada vez más artistas internacionales incluyen a Ecuador en su agenda de presentaciones. Puntualmente en conciertos de este tipo, el gobierno aprovecha para promover talentos nacionales, estableciendo por ley que un artista local el abra el espectáculo.

Además de curar el show exponiendo a un artista, sería interesante que el aporte gubernamental incluya la regulación y promoción de la cultura misma de los espectadores, no solo del artista. Dándoles valor como consumidores.

El ser consumidores de un intangible al ir a un concierto, no significa que no lo consumamos. De la misma manera que se controla la publicidad engañosa para cualquier artículo disponible en el mercado; el consumidor de arte debería estar protegido, bajo un estándar no mayor ni menor, sino igual.

Concretamente en las localidades, el patrón suele ser: adelante uno o dos “Boxes”, luego “Vip”, después Cancha, General, Tribuna, etc. La localidad llamada “Box” (precedido del tema del evento), en teoría debería tener forma de caja, como dice literalmente su significado, y estar dentro de la localidad “Vip”. En su lugar, los organizadores de estos eventos se han tomado la libertad de abusar del mal uso del lenguaje, y gracias a eso, de espacios y precios.

En este esquema, la localidad “Vip” casi siempre está detrás de al menos una localidad, que ocupa un área considerable. Box y Vip ya no son franjas pequeñas, son localidades enteras que no guardan relación con el concepto con que se ofertan.

Se podrá objetar que son solo nombres, que independientemente de éstos, las localidades podrían seguir ocupando el espacio que ocupan y costando lo mismo. Que da igual, así que para qué la molestia.

Pues sí, el dueño está del concierto en su derecho de distribuir el espacio como quiera, y cobrar lo que quiera pagar un consumidor. Pero si el nombre de la localidad induce a error, debe ser cambiado. Y eso constituiría un aporte cultural para la sociedad.

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