Opinión

CON SABOR A MORALEJA: UN TRASPIÉ ABISMAL

Bridget Gibbs Andrade/ Cuenca

El suspenso que vivieron los peruanos el domingo anterior fue semejante al que nos tocó vivir el 11 de abril. Una jornada que empezó pletórica de esperanza hasta que, en horas de la tarde, la incertidumbre flotaba en torno al resultado de las elecciones presidenciales. El lunes, Fujimori lideraba con un 52,4% frente a un 47,5% de Castillo. El candidato que jamás ha ocupado un cargo público y el que no infiere lo que es un monopolio, se cobijó bajo el paraguas de un exgobernador corrupto para lanzar su candidatura. Un símil de lo ocurrido cuando, en campaña, Palacios fue apoyado por el movimiento Democracia Sí, del camarada Juan, cercano a las FARC, cuyo nombre “democrático”, paradójicamente, contradice su ideología.

Por otro lado, Fujimori ha sido encarcelada en tres ocasiones por presunto lavado de dinero, enfrentándose a una condena de 30 años. Una nadería. Esta elección se produce en medio de una pandemia que ha llevado a un punto álgido los niveles de descontento de los peruanos, causado por la desigualdad en el acceso a los servicios públicos y la frustración de interminables casos de corrupción de su clase política. Prima hermana de la ecuatoriana.

Cuando el padre de Keiko llegó al poder en 1990, recortó el gasto público y privatizó la industria poniendo fin a años de recesión. La Constitución que promulgó en 1993 limitaba la participación estatal en actividades empresariales, acabando con los monopolios. Reforzó la autonomía del banco central, protegió las inversiones extranjeras, pero no enfatizó en superar la profunda desigualdad social garantizando la salud, educación y servicios públicos a la población. La pandemia ratificó que el problema primordial sigue siendo el orden en las prioridades. Que la gente muera por la falta de atención médica y pase hambre, devino en algo secundario.

En el 2017, Castillo salió del anonimato al dirigir una huelga sindical de maestros. Carente de pensamientos y palabras congruentes, ha desvelado exiguamente el cómo va a garantizar que los recursos mineros y el gas natural favorezcan al Perú.

El miércoles, antes de que el conteo oficial termine, Castillo se proclamaba vencedor. Si los resultados así lo confirmaran, Perú habrá dado un traspié abismal al haber apostado por un individuo inexperto con ideologías caducas. De entre lo malo, lo peor.