Opinión

CON SABOR A MORALEJA: DESALMADOS

Bridget Gibbs Andrade/Cuenca

Eruditos en geopolítica opinan que Occidente ha procedido erradamente con grupos extremistas, pues aún persiste el remordimiento de lo que fue la Segunda Guerra Mundial que sembró un miedo tenaz a derrotar enemigos intransigentes. Los Derechos Humanos son una posición ideal a la que todos pretendemos, pero la realidad dista de ser así cuando situaciones específicas nos obligan a conducirnos bajo otros parámetros, como, por ejemplo, en legítima defensa propia. Cuando un delincuente pone en riesgo la vida de alguien, la mayoría de los países reconoce el derecho a la defensa propia, incluso si eso culmina con la muerte del transgresor. En teoría, eso va en contra de los Derechos Humanos, pero en la práctica, implica alterar la manera correcta de aplicar las normas que rigen los mismos. El dilema surge cuando los gobiernos timoratos esquivan transgredir esos derechos con grupos terroristas como los talibanes.

Desde el 2001, estos desalmados debieron ser contenidos por una coalición internacional y recluidos en sus últimos bastiones sin darles tregua ni respiro. No se dio porque Occidente cree que la mejor opción es la negociación diplomática. Pero en la práctica no funciona cuando el conflicto es con un rival fanático que habita en las antípodas de nuestro paradigma social y político. En ese caso no hay más opción que someterlo, y si no se lo somete, se corre el riesgo de que regrese fortalecido como ha ocurrido. Hace veinte años EE. UU. intervino en Afganistán gastando millones de dólares, perdiendo miles de vidas y ¿qué se ha conseguido? Nada. La ONU reportó el pasado viernes que varios grupos extremistas se han plegado a las fuerzas talibanes, mientras cientos de terroristas fanáticos han sido liberados de las cárceles. Tarde o temprano será necesaria otra invasión. ¿Y cuando esta se dé, pecarán cándidamente en nombre de los Derechos Humanos y nuevamente volverán a dejar todo a medias?

Maquiavelo explicó hace CINCO SIGLOS -qué barbaridad, aún no asimilan la enseñanza- que es mejor dar un golpe contundente, aunque este se contraponga a cualquier contrición, que permitir que un régimen brutal, tiránico y misógino se mantenga. Hay facciones crueles e inhumanas que idolatran la opresión, las que deben ser desmanteladas y erradicadas. Para ellas va este axioma profético: quien a hierro mata, a hierro muere.