Opinión

CON SABOR A MORALEJA: CRÍMEN AMBIENTAL II

Bridget Gibbs Andrade/ Cuenca

 

De acuerdo a los contratistas no se puede dar marcha atrás a los contratos, es decir, son muy jugosos. El señor Ochoa, coordinador de la obra, aceptó que existe una afectación ambiental en 30 puntos específicos. El municipio debe subsanarlos. Algunos moradores de la avenida 27 de febrero amanecieron con la ciclovía como vereda. Ojalá no ocurran accidentes involuntarios cuando saquen los autos de los garajes y los ciclistas pasen al mismo tiempo.

El 15 de septiembre la Defensoría del Pueblo removió de su cargo al Defensor del Pueblo que solicitó la suspensión de la obra, nombrando a la defensora subrogante que emitió un dictamen a favor del municipio, estableciendo un plazo de 20 días para que se reúnan todos los actores y emitan un informe (sin suspender la obra). Esto permitirá a la municipalidad seguir removiendo áreas verdes, afectando el arbolado de la ciudad. La defensora subrogante hizo caso omiso del informe enviado por el Ministerio del Ambiente que establece que sí existe un daño ecológico, sentando las bases para su remediación. En otras palabras, la funcionaria defendió lo que le “instruyeron” que debía defender.

Es lamentable constatar como el medio ambiente está desamparado, donde la propia autoridad atenta contra la naturaleza, quedando en la indefensión absoluta. La Defensoría del Pueblo, con su dictamen, ha permitido que el crimen ambiental concluya. Los actos abusivos por parte de la autoridad demuestran que su vocación está muy lejos de velar por el bienestar ambiental. Cuando en el futuro estas obras pongan en evidencia el daño que han causado, los que gozan de buena memoria no tendrán reparo en pronunciar los nombres de los culpables.

Una ciudad “saludable” debe tener al menos siete árboles por persona. Si Cuenca tuviera 636.996 habitantes (como dicen las proyecciones del INEC al año 2020), debería tener 4.446.954 árboles. ¿Cuántos tiene actualmente? El estimativo más optimista es que existen 2.5 millones de árboles.

Sería un absurdo satanizar las ciclovías, pero no se puede aspirar a tener una ciudad amigable con el medio ambiente cercenando las riberas de los ríos, talando especies nativas protegidas y encementando áreas verdes. Aquí hay mano negra, y no es la de Chevron.

Los datos científicos y estadísticos fueron proporcionados por Gustavo Morejón, biólogo ambiental.