Opinión

CON SABOR A MORALEJA

Bridget Gibbs Andrade

Cuenca – Ecuador

adonairey@hotmail.com

CRISTALES ROTOS

¿Mamá, de qué está hecho mi corazón? De cristal, mi amor, de cristal…

Esa noche, escuchó gritos, llantos y unos pasos desesperados que corrían a mil por hora. Se dirigían hacia su dormitorio, el único lugar en donde se sentía protegido y amado. Podía confiar en aquellos brazos que lo rodeaban, cálidos y cómodos. No así los del maestro que lo apretujaba contra su cuerpo al sonar el timbre del recreo y, abrazado, lo llevaba a uno de los baños. Ansiaba que las horas de clase se extendieran; que el recreo no exista para él ni sus compañeros que sufrían la misma suerte en manos de los abusadores. Sus miradas,  angustiadas e impotentes, suplicaban en silencio. Cruzaban los dedos confiando en que ésta cábala les concedería su más profundo deseo… después de unos minutos, los cristales que trataban de remendarse solos, estaban nuevamente rotos…

No puedo evitar que resbalen mis lágrimas y goteen sobre el teclado. Mi corazón está hecho un puño. No logro entender la monstruosa depravación que con visto bueno revolucionario se instauró en el sistema educativo. Solo los de mentes “distorcionadas” como tuiteó el ex Ministro de Educación, pudieron permitir semejante atrocidad. Como podemos ver, la sapiencia gramatical del otrora máximo representante de los “educadores” va a la par de su condición moral. Comparó las acusaciones en su contra con los casos de pederastas conocidos por el Papa. Debería enterarse que el Papa no permitió el ingreso masivo al sacerdocio basándose en simpatías hacia su gestión. En cambio, muchos de los abusadores engrosaron las filas de educadores sólo por vinculación política. Cuando concluyeron sus contratos abandonaron su cargo. Mientras tanto en su hoja de vida constaba la experiencia de haber laborado en un centro educativo. Varios colegios privados analizaron que tal experiencia era suficiente para contratarlos. Se equivocaron terriblemente al incluirlos dentro de su personal docente.

Es inaudito lo que estamos presenciando. La gran mayoría de “representantes” del pueblo, desde su curul, frenaron el juicio al culpable dando luz verde a los degenerados. Desde nuestros espacios debemos insistir, exigir y no claudicar hasta que los responsables, autoridades y subordinados sean juzgados. Las pequeñas víctimas arrastran sus cristales rotos la vida entera. Pocos consiguen superar la violación a su intimidad. No podemos dejar que el abuso sexual y menos el infantil quede en la impunidad.

¿Mamá, volverán a romper mi corazón de cristal? Ya no mi amor, lo vamos a reparar para que  jamás te lo vuelvan a quebrar… ahora duerme y descansa, que yo te voy a cuidar…

Las lágrimas, siguen goteando…

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