Economía

Con préstamos y exigencias, China expande su influencia en América Latina

El país está ejerciendo su peso financiero en Ecuador y otras partes del mundo con la confianza y el propósito de una super potencia.

EL CHACO, ECUADOR. Ahí donde las laderas de los Andes se unen con la selva del Amazonas, cerca de 1000 ingenieros y trabajadores chinos vierten concreto para una represa y un túnel subterráneo de 24 km. El proyecto de $2,2 mil millones de dólares surtirá con agua de río a ocho turbinas gigantes chinas, diseñadas para producir suficiente electricidad para alumbrar a más de una tercera parte de Ecuador.

Cerca del puerto de Manta, en el océano Pacífico, los bancos chinos están en negociaciones para otorgar un préstamo de $7 mil millones de dólares para la construcción de una refinería petrolera, lo que convertiría a Ecuador en un actor clave en la producción de gasolina, diesel y otros derivados de petróleo a nivel global.

En todo el país, en caseríos y pueblos, se van a construir caminos, carreteras, puentes, hospitales, e incluso una red de cámaras de vigilancia que llegará hasta las Islas Galápagos, todo con dinero chino. Los bancos estatales chinos ya han invertido $11 mil millones de dólares en Ecuador, y el gobierno ecuatoriano aún pide más.

Ecuador es un país pequeño con 16 millones de habitantes y poca presencia en el escenario mundial. Sin embargo, la rápida expansión de la presencia china dice mucho sobre el cambiante orden global, pues Pekín avanza y Washington, gradualmente, pierde terreno.

Aunque China ha ocupado un lugar preponderante en la economía mundial durante décadas, ahora está ejerciendo su peso financiero con la confianza y el propósito de una superpotencia. Pekín ahora está afianzando agresivamente su influencia económica para ganar aliados diplomáticos, invertir su vasta riqueza, promover su moneda y garantizar acceso a los recursos naturales que tanto requiere.

Se trata de una nueva fase de la evolución de China. A medida que la riqueza de esta nación aumenta y sus necesidades cambian, el Presidente Xi Jinping y otros líderes de gobierno buscan que China extienda su alcance a escala global.

Se espera que muy pronto la moneda china, el renminbi, sea reconocida como una divisa de reserva mundial, para formar parte de la élite monetaria junto con el dólar estadounidense, el euro, la libra esterlina y el yen. El banco de desarrollo estatal de China ya supera al Banco Mundial en créditos internacionales. Y su esfuerzo por crear una institución con fondos internacionales para financiar proyectos de transporte y otro tipo de infraestructura cuenta con el apoyo de 57 países, incluyendo varios de los aliados más cercanos de Estados Unidos, a pesar de la oposición del gobierno de Obama.

Ni la actual depresión de la bolsa de valores podrá hacer flaquear la determinación del país. China tiene aproximadamente $4 mil millones en reservas de divisas, que está resuelta a invertir en el extranjero para obtener ganancias y ejercer su influencia.

El creciente poder económico de China coincide con una política exterior cada vez más asertiva; ahora construye portaaviones, submarinos nucleares y aviones cazas furtivos. En el mar, donde lleva a cabo varias disputas territoriales, China está convirtiendo los arrecifes y atolones cercanos al sur de Filipinas en islas artificiales, con al menos una pista de aterrizaje capaz de recibir a los aviones militares más grandes. Estados Unidos ha objetado esta maniobra, realizando vuelos de inspección en el área y analizando planes para enviar buques de guerra.

Los líderes chinos consideran que la inversión en el extranjero es simbiótica. “La actual cooperación industrial entre China y América Latina llega en el momento preciso”, expresó el Primer Ministro Li Keqiang durante una visita a Chile a fines de mayo. “China cuenta con capacidad de fabricación de equipo y tecnología integrada a precios competitivos, mientras que Latinoamérica tiene la demanda de expansión de infraestructura y actualización industrial”, agregó.

No obstante, este despliegue de fuerza financiera también vuelven más vulnerable a China, y al resto del mundo. Desde hace ya un tiempo China es el motor del crecimiento global, pero ahora está asumiendo nuevos riesgos al exponerse a regímenes políticos inestables, mercados emergentes volátiles y otras fuerzas económicas fuera de su control.

Cualquier problema podría impactar el crecimiento de China, en especial en un momento en el que ya se está desacelerando. Los tropiezos en la bolsa de valores del país este verano sólo añaden presión, ya que el gobierno está tomando medidas enérgicas para estabilizar la situación.

Aunque China tiene recursos sustanciales para resistir choques financieros graves, su estabilidad en general es importante. Cuando China sufre un desmayo, los efectos se sienten a nivel mundial, en las empresas, industrias y economías que dependen de este país como motor de crecimiento.

En muchos casos, China va por el camino que Occidente está reacio a recorrer, ya sea por motivos financieros o políticos (o ambos). Luego de haber sido golpeada por las sanciones debido a la crisis con Ucrania, Rusia, que está al borde de una recesión, estrechó sus lazos con China. La lista de acreedores en África y Medio Oriente incluye a varios de los regímenes y economías inestables que podrían tener problemas para pagar los créditos Chinos, como Yemen, Siria, Sierra Leona y Zimbabue.

Consciente de su poderío, China está forzando a los otros países a jugar según sus reglas financieras, lo cual puede resultar oneroso. Muchos países en desarrollo pagan tasas de interés exorbitantes a cambio de créditos, y ceden los derechos sobre sus recursos naturales por años. China es dueña de casi el 90 por ciento de las exportaciones petroleras de Ecuador, que se utilizan básicamente para pagar su deuda.

“El problema es que estamos tratando de remplazar al imperialismo estadounidense con el imperialismo chino”, dice Alberto Acosta, quien fue ministro de energía del Presidente Correa durante su primer período. “Los chinos están comprando en todo el mundo, transformando sus recursos financieros en inversiones y recursos minerales. Llegan con financiamiento, tecnología y técnicos, pero también con tasas de interés altas.”

China también tiene un record cuestionable en lo que se refiere a seguridad laboral, normas ambientales y gerencia de empresas. Aunque las inversiones chinas han creado empleos en muchos países, los expertos en desarrollo están preocupados pues Pekín está exportando sus peores prácticas.

Las operaciones chinas de minería y manufacturas, como las operaciones estadounidenses y europeas en décadas anteriores, han sido acusadas de abusar de los trabajadores en el extranjero. Y sus plantas de energía a carbón y fábricas industriales están aumentando los problemas de contaminación en las naciones en desarrollo.

Ya han surgido problemas en Ecuador. A unos cuantos kilómetros del sitio de la planta hidroeléctrica, el Río Coca desemboca en una catarata de 146 metros, las más alta y turística del país, y baja en cascadas a través de cañones empinados hacia el Amazonas.

Cuando se termine la represa y el agua se desvíe hacia la planta, las cascadas disminuirán considerablemente su cauce durante parte del año. Además, el cambio climático ya ha disminuido los glaciares andinos que alimentan el río, por lo que los expertos debaten si el sitio tendrá suficiente agua para generar incluso la mitad de la electricidad prevista.

También se han registrado protestas entre los ecuatorianos que trabajan en el proyecto administrado por China sobre salarios, cuidados médicos, alimentos y condiciones laborales generales. “Los chinos son arrogantes”, dice Oscar Cedeno, un trabajador de construcción de 20 años. “Piensan que son superiores a nosotros.”

El pasado diciembre, un río subterráneo irrumpió en un túnel de la obra. El agua inundó la planta eléctrica y mató a 14 trabajadores. Fue el último de una serie de accidentes graves en los proyectos chinos en Ecuador, que en ocasiones cobraron algunas vidas. (Por Clifford Krauss y Keith Bradsher/The New York Times)