Tecnociencia

Cómo la vainilla salió de México y pasó de ser un tributo para los aztecas a un sabor que cautivó al mundo

Sin el descubrimiento de la polinización manual por parte de un niño esclavo hace 180 años, esta apreciada especia nunca habría prosperado fuera de México.

La historia de la vainilla, como ocurre con la mayoría de los cultivos verdaderamente internacionales, atraviesa un atlas mundial.

Pero la vainilla no es originaria de Madagascar, a pesar de que este país domina su comercio mundial. El uso de la planta comenzó en las selvas de México y América Central, donde una larga y sinuosa enredadera evolucionó para desarrollar ese aroma distintivo y penetrante que todos conocemos tan bien.

Lo que quizás sea más cautivante sobre la vainilla es el hecho de que esta industria multimillonaria existe gracias a un niño esclavo de 12 años que vivió hace 180 años en una remota isla del Océano Índico.

Pero la orquídea, cuyos frutos en forma de vaina contienen la dulce esencia de vainilla, llegó allí desde México, donde los indígenas totonacas, que se asentaron alrededor del año 600 d.C. en la costa atlántica de México, notaron el aroma por primera vez.

UNA LEYENDA SOBRE LA VAINILLA

Los totonacas tienen una antigua leyenda sobre el origen de la planta de vainilla.

La leyenda cuenta que una princesa real se fugó con un joven, pero ambos fueron descubiertos y asesinados.

Cuando murieron, un árbol y una orquídea trepadora aparecieron en su lugar de descanso: la orquídea envuelta alrededor del tronco del árbol, asemejándose a los brazos de una mujer alrededor de su amante.

Las flores que brotaron de la vid se convirtieron en fragantes vainas, conocidas hoy como vainas de vainilla.

Vainas de vainilla en la planta antes de ser secadas

Los aztecas usaban vainilla para darle sabor al xocoatl, la bebida que producían a partir de cacao y otras especias, pero incluso entonces estaba reservada para la nobleza o para ocasiones especiales.

Fue esta preciada bebida la que el emperador Moctezuma Xocoyotzin ofreció a Hernán Cortés y su banda de españoles cuando llegaron a su ciudad capital, Tenochtitlán, en 1519.

Durante las primeras décadas de la conquista, los españoles cruzaron el Atlántico con decenas de frutas, verduras y otros cultivos (incluida la vainilla) para exhibirlos y cultivarlos en España. Los historiadores llaman a este movimiento de alimentos y bienes el Intercambio Colombino.

«La vainilla y el cacao siempre han viajado juntos», señaló el experto en orquídeas Adam Karrenmans, profesor de la Universidad de Costa Rica y director del Jardín Botánico Lankester, un importante centro de investigación de orquídeas con sede en Costa Rica.

A los europeos les gustó el líquido cremoso y la bebida se extendió, ingresando a Francia desde España a principios del siglo XVII después del matrimonio entre Luis XIII y Ana de Austria, hija del rey de España.

Madagascar domina el comercio mundial de vainilla, pero la planta se originó en las selvas de México y América Central.

Luego de cruzar el Atlántico la vainilla pronto siguió su propio camino. En 1602, cerca del final del reinado de Isabel I de Inglaterra, el médico de la monarca comenzó a añadir la especia a los platos de la soberana, ya que creía que era un poderoso afrodisíaco, según escribe Rosa Abreu-Junkel en el libro “Vanilla: A Global History” (Vainilla: Una Historia Global).

Al otro lado del Canal de la Mancha, la poderosa Madame de Pompadour añadió vainilla a su dieta cuando intentó recuperar a su amante, el rey Luis XV de Francia, alrededor de 1750.

La vainilla ya había entrado en el comercio mundial de especias que estaba rediseñando fronteras y cambiando economías en todo el mundo, mientras las potencias coloniales europeas luchaban por conseguir las vainas.

Todo el mundo quería la especia: los chefs experimentaban con postres, los fabricantes producían nuevos perfumes y los aristócratas sólo querían lucirse, pero la producción mundial de vainilla estaba estancada en la misma franja de tierra costera de América donde había prosperado durante siglos.

Otras potencias coloniales comenzaron a explorar la idea de cultivar vainilla fuera de las colonias españolas, escribe Tim Ecot en su libro «Vanilla: Travels in Search of the Luscious Substance» («Vainilla: viajes en busca de la deliciosa sustancia»).

Los británicos en la India, los franceses en las colonias del Océano Índico, los holandeses en Java e incluso los españoles en Filipinas probaron suerte plantándola en los años 1600 y 1700, pero ninguno tuvo éxito.

Vainas de vainilla en la planta antes de ser secadasFUENTE DE LA IMAGEN,MICHAL MORAVCIK/ALAMY

A Karremans parecen casi divertirle estos intentos.

«Cada vez que los europeos tomaban las plantas y las plantaban en sus colonias en otras partes del mundo, descubrían que las plantas podían crecer y florecer allí, pero nunca producían frutos», afirma el experto, que estudia las interacciones ecológicas entre las orquídeas y sus polinizadores y dispersores de semillas.

Las orquídeas tienen polinizadores muy especializados, explicó Karremans, y la vainilla requiere un tipo específico de abeja que sólo se encuentra en las regiones tropicales de América.

Fuente:  BBC NEWS MUNDO