Opinión

Combatir el turismo de masas con energías renovables

El experto Domingo Jiménez Beltrán apuesta por impulsar el autoconsumo como medida de ahorro

ESPAÑA. La masificación turística es un problema. Lo es cuando el tejido comercial de una ciudad es substituido por tiendas de souvenirs, bares y restaurantes que a menudo sirven sus productos más caros de lo que es habitual; cuando el precio de la vivienda sube debido la inversión extranjera y los alquileres turísticos, y la población se ve obligada a abandonar sus barrios; y cuando el comportamiento de algunos turistas genera molestias entre los vecinos.

Así lo admite un estudio reciente de Ok Apartamentos Barcelona, una agencia de alquiler temporal con más de 10 años de experiencia en la ciudad. Otra encuesta, hecha por el propio ayuntamiento, revela que para más de la mitad de los turistas Barcelona acoge a demasiados visitantes .

“Barcelona está en una situación límite respecto al turismo. De hecho, toda España lo está, aunque no queramos reconocerlo, porque destroza más de lo que aporta. Si llegamos a los más de 70 millones, como dicen las previsiones, estaremos ante una situación crítica, una anomalía ecosistémica”, asegura desde Madrid el experto en políticas medioambientales Domingo Jiménez Beltrán.

Pero, ¿cómo se pueden combatir los efectos nocivos del turismo de masas? Para Jiménez Beltrán, profesor del Máster Universitario en Políticas Públicas y Sociales de la UPF Barcelona School of Management, no hay ninguna duda: hay que apostar por el cambio energético.

“Los ingresos netos del Estado español son del orden de lo que se gasta en combustibles fósiles. Hay que transvasar ingresos. Se pueden llegar a generar beneficios equivalentes a los del turismo, solo con el simple hecho de ser mucho más autosuficientes en energías renovables”, señala.

Para él la solución pasa por retirar el impuesto al sol e impulsar el autoconsumo, usando los tejados de las casas y de los edificios en los que viven varios propietarios para colocar en ellos placas fotovoltaicas. De esta manera, mediante baterías, cada uno se gestionaría la energía necesaria, y se podrían devolver a la red eléctrica los excedentes de la energía no usada.

En su opinión, tanto la sociedad civil como las pymes y los agricultores se beneficiarían de la medida. “Se reduciría la contaminación atmosférica, se ahorraría energía, las ciudades ser harían más habitables y los ciudadanos se convierten en ahorradores y consumidores ejemplares”, detalla.

“Con eso podríamos prescindir del turismo como ingreso y tener solo el que se considere sostenible, pero ni especulador ni desbocado. Por tener ciudades adaptadas al futuro no perderíamos ingresos, sino que generaríamos otros adicionales. Pero el Estado español, que tiene a mano una alternativa tan evidente y la está desperdiciando, parece destinado a vivir de la construcción y el turismo”, sentencia.

Por ahora, y entre otros, Barcelona ha impulsado una iniciativa para el cambio energético; la Comunidad de Madrid ha anunciado que pretende elevar un 35 % el uso de renovables y reducir el consumo de energía un 10 % en 2020; y en Castilla y León, la primera cooperativa eléctrica de energías renovables de la comunidad ha cuadruplicado su número de socios en un año, al pasar de los 110 iniciales a los 423. (La Vanguardia/COLIBRI)