COLADA MORADA
Econ. Cecilia Calderón de Castro/Guayaquil
Una de las tradiciones que me encanta de mi país, es la COLADA MORADA, que se hace y se la disfruta para FINADOS. Esta costumbre viene del culto a los muertos que rendían nuestros antepasados indígenas y que se mantiene latente en el alma de los ecuatorianos.
Dice la leyenda que los pueblos originarios de nuestro Ecuador, tenían pleno convencimiento que había una vida después de la muerte; que había que honrar a las personas cuando su cuerpo se entumecía porque su alma iba a las regiones de luz y gloria, tanto como se honra a las personas mientras están entre los demás mortales. Ellos creían también que, en la vida del más allá, las personas sentían deseos y necesidades, por ello los enterraban con sus objetos favoritos y, en el día del Recuerdo de los Muertos, cuando sus espíritus regresaban para visitarlos los agasajaban con comida, flores, música.
La leyenda cuenta que cuando llegaron los españoles por estas tierras, encontraron que, en homenaje a los muertos, cada familia tenía la costumbre de beber una deliciosa chicha hecha de maíz negro, perfumada con hierbas del campo y enriquecida con frutas silvestres, la misma que era convidada entre familiares y vecinos que asistían a las comidas de muertos.
Fue fácil unir la tradición indígena respecto a los muertos con la creencia cristiana de la vida eterna de aquellos que mueren, gozando de la gloria de Dios. Por ello, desde México hasta el Sur de América, el Día de Difuntos o Día de los Muertos, se celebra con alegría, haciendo altares domésticos con comida, flores, fotografías, objetos queridos de los queridos muertos; visitando las tumbas con música, flores y comida; visitando a los familiares vestidos de seres del más allá y compartiendo alegrías y potajes especiales, como nuestra Colada Morada.
Aquí, en nuestra Patria, en la provincia de Santa Elena, para el 1 de Noviembre se celebra a los muertos chiquitos, pues es el Día de Todos los Santos, y ellos lo son. Los niños se disfrazan de ángeles y piden pan de casa en casa, donde se los brindan junto con la colada morada y otras golosinas.
La preparación de la colada morada es un ritual, que hay que tratar de seguirlo al pie de la letra para que sepa realmente como manjar de dioses. Esta tradición se la sigue en todo el Ecuador, aunque –según la región- tiene sus variantes y sofistificaciones y el toque especial que le da cada familia. Es costumbre intercambiar coladas moradas entre vecinos, amigos y familiares para degustar y comparar cuánto amor se ha puesto en la elaboración. Así, el Día de Difuntos, se convierte en el Día de la Amistad y de alegría por la esperanza de vernos reunidos algún día, más allá, en el cielo.
Trataré de explicarles el proceso de la tradición de colada morada de mi familia, ahora con un toque de la que hace mi hermana Beatriz que ha vivido muchos años en Quito. De la receta de mi abuelita, la Colada se perfuma con naranjillas, piña, ciruelas maduras, mamey Cartagena; de la receta de Beatriz, se adiciona mortiño, babaco, frutillas y moras.
La Colada Morada se hace con harina de maíz negro, una variedad muy especial de maíz autóctono de América; se cosecha el maíz, se seca al sol y se muele: el resultado, una harina color morado, de un delicioso y sutil olor.- El día anterior a la preparación de este potaje, se cierne la harina, dos veces, para que los gránulos estén sueltos y ligeros; luego se la deja remojando en agua, toda la noche, para que así se fermente un poquitín. – Al día siguiente, se pone a hervir en una gran olla de agua, un ladrillo de panela, especies de olor: canela, pimienta de olor, clavo de olor, anís estrellado, ishpingo; cuando las especies han pasado sus aromas al agua luego de hervir unos 20 minutos, se agregan las hierbas: hierba luisa, hoja de naranja, arrayán, ataco, cedrón; se espera a que la olla vuelva a hervir y se apaga “la candela” luego de unos 10 minutos. Esa agua olorosa y dulce, se la deja reposar hasta que enfríe.
Hasta tanto, se pica la piña en pedacitos cuadrados y se la pone a tomar punto en un sartén. Igual se hace con el mamey Cartagena, en otro sartén. A parte, haces un rico jugo de naranjilla y lo pones a hervir; con las ciruelas, también haces un jugo pero, dejas unas cuantas para que queden enteras en cada vaso que sirvas.
Es el momento crucial de la preparación: en esa agua dulce y olorosa, se comienza a disolver la harina, moviendo lenta y constantemente; se adiciona poco a poco los jugos de las frutas y sigues moviendo, hasta que empieza a hervir y se cocine la harina, unos 15 minutos. Es el momento de decidir el espesor, corrigiendo con los jugos de naranjilla y ciruelas pues, a algunos les gusta como chicha y a otros como mazamorra. Es el momento de echar las frutas, dejar hervir un poquito más, vuelves a decidir el espesor, pruebas el dulzor y corriges si fuere del caso.-
Y … ya tienes la famosa y deliciosa Colada Morada, que puedes comerla caliente o fría, como mazamorra o como chicha, dependiendo de los gustos.- A mí me gusta espesita, helada y comérmela con cucharita.
Esta deliciosa colada, en sus ingredientes une las tres regiones geográficas del Ecuador, ya que el “Ishpingo” es la flor de la canela, árbol de nuestro Amazonía, que usan nuestros indígenas para perfumar sus chichas.- El Ataco, el cedrón y el arrayán, son hierbas de la Sierra, al igual que el maíz morado. Y las frutas vienen de todas las regiones.
Para mí, sin ciruelas, no hay colada morada aunque falten los mortiños.- Pero segura estoy que algunos serranos, nunca habrán tomado colada morada con ciruelas y mamey Cartagena. Eso sí, todas las versiones son deliciosas y con ellas honramos a nuestros muertos que están presentes en nuestro corazón y que los sabemos vivos y esperando reunirse con nosotros.
