Opinión

CÓDIGO DE LA DEMOCRACIA

MSc. Brenda Mendoza Pimentel
FORO AGROPECUARIO ECUATORIANO

 

No quiero ser cansona, pero es obvio que el Código de la Democracia en Ecuador necesita una reforma urgente; de lo contrario, nuestras papeletas electorales seguirán pareciendo un álbum de cromos imposible de llenar. El sistema actual está tan desactualizado que votar se ha convertido en un acto de fe y paciencia. Aquí cuatro razones fundamentales (y un poco de terapia nacional) de por qué urge este cambio:

Fragmentación ridícula: Tenemos más partidos políticos que marcas de arroz. Cualquier ciudadano con un megáfono y un grupo de WhatsApp puede inscribir un movimiento. Es urgente elevar los requisitos para que los partidos de garaje dejen de atomizar el voto y ganar elecciones con porcentajes de risa. El misterio de los fondos: El financiamiento de campañas es un agujero negro. El dinero público se esfuma en propaganda inútil, mientras que los controles al dinero «oscuro» son tan efectivos como un paraguas en un tsunami. Se necesitan dientes de tiburón para fiscalizar de dónde salen los recursos.

Debilidad institucional: El Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Contencioso Electoral (TCE) se la pasan en un constante «combate de boxeo» institucional. Las reglas del juego cambian a mitad del partido, dejando a los ciudadanos más perdidos que perro
en procesión.

Vacíos legales insólitos: La ley actual permite que candidatos con glosas o procesos destaquen a sus anchas, o que las autoridades en funciones hagan campaña sin renunciar, usando los recursos estatales como si fueran su caja chica. No podemos seguir parchando una ley que cojea. Reformar el Código de la Democracia no es un capricho político; es la única forma de evitar que la política ecuatoriana siga  siendo el mejor programa de comedia (y terror) de la televisión nacional.