Opinión

CINCO MINUTOS DE LUZ: Solo desde el amor

Por: Lucy Angélica García/ Portoviejo
La autora es docente, escritora y columnista internacional

Si nuestra mente no buscara juicios, el miedo no se tomaría la libertad de instalarse en nosotros, porque entonces más que nunca estaríamos conscientes que el amor es la energía que crea la unidad de toda la creación, y recurriríamos a ese amor en todo momento pidiéndole que nos llene más y más, y que sea él quien dirija nuestro caminar para encontrar el equilibrio que tanto necesitamos para continuar a nuestra meta como alma y como Ser.

Solo desde el amor que es tan poderoso, es posible cambiarlo todo, desde nuestra manera de estar en el mundo; empezando con nuestra mirada, con la que podemos dar alas a los demás, nuestra actitud frente a la desidia y la adversidad, nuestra forma de ver la vida, nuestra decisión de acoger y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Solo desde el amor, el alma puede volar entre mil pájaros bajo el cielo, solo desde el amor podemos ser poderosos, comprender y perdonar desde nuestro propio perdón; tener la semejanza de quien nos ha creado y que tome nuestra mente y la calme, y por consiguiente ella estará sobre nuestras palabras y nuestros actos, para que toda nuestra existencia se mueva en este universo, a través del amor.

Cuando el amor nutre nuestra alma podemos sobrellevar el dolor, disipar el temor, perdonar libremente, evitar la contención, renovar la fortaleza y bendecir y ayudar a los demás. ¿Por qué será que cuando estamos frente al el verdadero amor se conmueve todo nuestro corazón? ¿Por qué esa sencilla frase, “Te quiero” produce tanta emoción?

Podríamos encontrar varias razones, pero la verdadera razón es que toda persona que viene a la tierra es una parte de Dios mismo. Un día meditando sobre esto concluí que el principio de Dios está dentro de nosotros, ahí adormece ese amor que emana de Dios, ya nacemos con la capacidad y el deseo de amar y ser amados.

Es un vínculo tan fuerte que tenemos con nuestra vida preterrenal, y tiene que ver con los dones espirituales que se nos ha otorgado, y que no es otra cosa que el reflejo de la divinidad que habita en nosotros. Y a pesar de haberse descorrido el velo sobre nuestra memoria, siempre que percibimos el verdadero amor, se despierta una añoranza que no se puede negar.

El responder al verdadero amor es parte de nuestro ser más profundo y verdadero; es parte de nuestra esencia el deseo de experimentar aquí en la tierra el amor que sentimos en una preexistencia. Únicamente si sentimos el amor de Dios y llenamos nuestros corazones de su incalculable y maravilloso amor, podemos ser realmente felices, porque el amor de Dios llena la inmensidad del espacio y de nuestro ser.