Opinión

CINCO MINUTOS DE LUZ: ¿Podemos ser felices a pesar de todo el caos mundial?

Por: Lucy Angélica García/ Portoviejo

La autora es docente, escritora y columnista internacional.

Para muchos de nosotros ya no es noticia que, desde muchos ángulos, el mundo es un caos. Diferencias políticas, tensiones raciales, incertidumbre económica, inequidad e intolerancia de muchas clases. Además, condiciones climáticas extremas, y el Covid19, que arrasa el mundo, provocando que suframos las consecuencias y que busquemos soluciones para combatir la angustia.

En algún momento hemos pensado que la pandemia debió marcar un antes y un después en la manera de vivir de las personas, sin embargo, podemos darnos cuenta de que muchos de ellos, siguen su desenfrenado modo de vivir, buscando estar alegres o felices; es como si todo lo que ha pasado, no sirviera absolutamente de nada, como si nadie estuviera consciente de la profunda connotación que tiene este tiempo en términos espirituales.

La pregunta es. ¿Es realista pretender estar alegres cuando no nos sentimos de esa forma?

La felicidad no es un acontecimiento que ocurre externamente en base a experiencias emocionantes. La felicidad es un estado mental. Si dominamos el arte de prestar atención, apreciar y disfrutar conscientemente lo que ya tenemos estoy segura de que siempre estaremos felices.

Pensar un momento como si acampáramos bajo las estrellas, conectándonos con algo más allá de nosotros mismos. Estar exactamente dónde queremos estar, totalmente rodeado de la naturaleza, de lo que ella nos inspira, estoy segura de que lo que esta allá en ese mundo lleno de ruidos, dejaría de tener tanto sentido.

Que maravillosa sería nuestra apreciación del mundo, si notáramos la enorme diferencia que podríamos vivir en ser más espirituales. A través de la historia, se han propuesto diversos enfoques al enigma teológico de la coexistencia de la realidad física (comer, dormir, relaciones maritales, etc.) con la realidad espiritual. Los ascetas rechazan los placeres físicos y materiales, por considerar que el placer físico es algo malo, y que es preferible evitarlo.

Los monjes budistas meditan solos en la cima de una montaña o se aíslan en un monasterio alejado de la civilización. Los cristianos miran con recelo el sexo por considerarlo una expresión de la naturaleza pecaminosa del hombre.

La persona verdaderamente “espiritual”, el sacerdote o la monja, debe permanecer célibe. Los hedonistas consideran al materialismo como un fin en sí mismo. Los griegos que competían desnudos en las olimpiadas y los deportes de gladiadores y el vomitorium romano rendían culto al placer físico y material.

La Torá apunta a un camino intermedio, no al culto ni el rechazo del reino físico-material. Elevándose por encima de eso, la Torá considera al mundo físico como el portal para placeres más elevados y trascendentes, donde cada ítem y cada momento está investido con potencial creativo para experimentar lo Divino.

En vez de alejarse de la vida, la espiritualidad nos alienta a relacionarnos con el mundo mundano de una forma que nos eleve. Recitamos bendiciones antes de comer como una forma de conectarnos. Los viernes a la noche, elevamos la copa de vino no para emborracharnos, sino para santificar el Día de descanso del Creador.

Maimonedes, (Filosofo del siglo XII). explica que el propósito de todo, desde la riqueza económica hasta las condiciones físicas y el estudio de la ciencia, es para lograr la noble empresa de adquirir sabiduría y refinar el carácter, como dice el versículo: “Conoce a Dios en todos tus caminos” (Proverbios 3:6) enseña que todos nuestros impulsos deben ser dirigidos a un propósito superior. Enorme verdad si nos detenemos un momento y nos preguntamos:

En este mismo momento, ¿qué puedo hacer para elevar mi nivel de espiritualidad? Por ejemplo, ser más bondadoso o paciente. ¿Cómo puedo incorporar más puntos de reflexión y de gratitud para elevar todo lo que hago a un plano espiritual más elevado?

En un mundo repleto de distracciones caóticas, estar conscientes de que podemos ser más profundos y espirituales, es el timón que nos ayudará a navegar sobre las olas tormentosas, enfocando nuestra mirada hacia dimensiones más profundas.