Opinión

CINCO MINUTOS DE LUZ: La magia de descubrir a Dios pincelando la naturaleza

Por: Lucy Angélica García/ Portoviejo

La autora es docente, escritora y columnista internacional.

Estas maravillosas tardes de verano, muchos salimos a disfrutar de la naturaleza y mirar el atardecer, el viento fresco arrastrando las hojas secas caídas, y rostros asombrados a nuestro alrededor. Y yo siento que Dios nos da muchas oportunidades para estar agradecidos.

 Yo creo que cuando entramos en contacto con la naturaleza tenemos la oportunidad para lograr apreciar todos sus matices, no sólo porque nos conectamos con la belleza, sino porque en un nivel mucho más profundo, todos queremos sentirnos inspirados, elevados, asombrados, todos queremos transcender lo mundano, elevar lo común, tocar lo divino, todos queremos alcanzar a Dios.

 Y es en uno de esos instantes que nos inspiran de manera tan profunda para atrevernos a sentir y expresar de alguna manera, tanta belleza puesta a nuestra disposición por quien tuvo la voluntad de crearla. Y yo lo escribo en mi diario del alma, como parte de mi narrativa interna, en ese contacto etéreo desde mi inspiración.

“Siempre te buscaba a lo lejos

entre nubes borrascosas

y en tardes de invierno.

Y también en cielos limpios

en mañanas de verano,

sin neblinas ni misterios.

Pero un día vi tu rastro

hurgando entre las líneas

de un antiguo libro abierto

y se fue despertando

mágicamente dentro mío,

un espíritu sereno.”

Realmente hay escenarios que nos inspiran, y no creo que todo el mundo lo defina de esta manera, pero pienso que es el verdadero instinto básico, estos momentos en que podemos de alguna manera ver todo el espectro de la humanidad y su asombro ante la belleza de todo lo creado y me da esperanzas. Sentirnos todos unidos y conectados en nuestro asombro, maravilla y apreciación del mundo que Dios creó para nosotros no sólo nos sacan de nosotros mismos, de nuestras preocupaciones cotidianas, estos momentos no sólo nos dan perspectiva, sino que realmente nos elevan fuera de este mundo. Todos estamos demasiado enredamos en las dificultades y las trivialidades de la vida, todos olvidamos tomarnos tiempo para conectarnos, todos sabemos, en un nivel muy básico, que la naturaleza es sólo un conjunto de milagros a los que estamos acostumbrados. No prestamos atención a las rosas fuera de nuestra casa, ni a los árboles en nuestro jardín. Pero nos gustaría hacerlo. Realmente sabemos que la belleza nos elevará, sabemos que nos conectaremos con lo Eterno, y eso es lo que deseamos desesperadamente.

“Y descubrí la aventura,

de sentirte y de vivirte,

de saberte parte de mí,

y que no eres algo ajeno.

Estás aquí dentro mío,

despertando la magia

de descubrirte

en todo cuanto existe,

y develo tu presencia.

¡Ya no eres un misterio!

 

Fragmento de mi libro. Epístolas a Dios..