Opinión

CINCO MINUTOS DE LUZ: Crónica de un 13 de septiembre 2021

Lucy García Chica/Portoviejo

La autora es docente, escritora y columnista internacional.

“Hay días en que queremos mirar a los ojos al que está a nuestro lado, o viene de frente para comulgar en una misma alma”

Hoy es un día de esos en que es necesario salir de la rutina cotidiana para salir a mirar el mundo, para ir en pos de la vida y todo lo que ella implica. Hoy he salido para ir a realizarme exámenes en un Centro de estudios radiológicos. Tomo el taxi pues está un poco distante y no conozco la ciudad. Al rato el conductor me comenta que habrá un paro de actividades en la capital de la república en respuesta inaceptable por el alza de combustibles decretado por el Gobierno. Esta persona, un hombre humilde quien alquila un auto para ganarse unos cuantos dólares, por su ropa gastada y descolorida pude darme cuenta de que es uno más de los pobres de mi país, los que verdaderamente son afectados por las medidas de un gobierno que en campaña prometió velar por los más desposeídos, más en la práctica hace otras cosas. Me quedé en el lugar donde iba y esperé mi turno para realizarme los exámenes. Tres días antes el valor era de $80, dólares, hoy ya eran $85, dólares, me di cuenta del gran negocio. Hombres, mujeres, adultos y ancianos en esa sala de espera. Me dio tristeza ver esos rostros llenos de preocupación. Me paré cerca de la máquina para esperar mi turno, pues ya no había asientos, excepto los marcados para hacer distancias. Entré al primer examen, y bueno fue alentador escuchar decir que mis ganglios y tiroides están normales. Mientras esperaba el siguiente turno, surgió el milagro, y es ese que emerge cuando conoces a alguien con una mentalidad abierta, y con esa simpatía saliendo de su ser, así, sin preámbulos, es entonces cuando digo: Nuestras almas comulgan en un mismo templo “entablé conversación con una bella mujer, quien dicho sea de paso me habló de la importancia de la actitud frente a la vida. En ese momento acompañaba a su madre, quien estaba haciéndose resonancia magnética, nuestra conversación giró en torno a como la tecnología acapara la atención de las personas, y más que todo de los niños, muy sorprendida me comentaba que antes de entrar estaba una niña de unos 11 años mirando mujeres desnudas en su celular, realmente muy triste, porque si mira ese contenido en una sala de espera, si no se le controla lo que ve, está corriendo el riesgo de mirar cosas no acordes a su mentalidad de niña cuando está sola en su habitación. Tengamos cuidado, los padres no debemos darles celular a nuestros niños menores de 17 años. Mientras esperaba las imágenes de mi segundo examen, llega un paciente con 35 años de edad y con parálisis a consecuencia de la vacuna, luego fui a tomar cita con mi Dra. en Oncología para que al día siguiente me de los resultados de mis exámenes. Estos últimos días que he estado yendo a un hospital, de los que muy pocas veces he ido, me he visto como parte de un conglomerado humano tan susceptible, sin embargo, me he sentido diferente también. Hay algo que olvido mencionar, y es que muchas de estas personas tienen un espíritu demasiado débil, estoy segura de que ellos están dispuestos a aceptar todo lo que les digan, a someterse a la tortura de tantos medicamentos que, en sí, solo serán calmantes. Personalmente no creo en la farmacología, para mi concepto es un negocio para enriquecer a unos cuantos y para matar a muchos. De mis familiares enfermos nadie sanó, todos están bajo tierra.

Yo creo y lo digo por mí, que la actitud frente a la vida es la base para una vida sana. Al regresar a casa observaba la ciudad, edificios, carros, grandes empresas. Toda una ciudad de cemento y alta tecnología me sentía privilegiada de estar observando todo aquello desde mi lugar favorito, mi yo, aquel que sobrevive a pesar de todo, desde mi rincón de meditación, desde mi lugar de estar en el mundo, desde mi postura existencial, y no dejé de sentir compasión por quienes aún no despiertan a mirar el mundo con ojos de esperanza, de saber que el poder de salvarnos de todo lo malo, está en nosotros mismos. Buena actitud implica tantas cosas. Valorar cada instante, cada circunstancia por dolorosa que sea, cada uno de los tiempos que nos toca enfrentar, porque todo ello es un aprendizaje. Es necesario aprender a tener una lectura de cada evento cotidiano como un regalo de Dios para evolucionar en un mundo que se volvió más de cemento que de tierra, más de humo que de aire libre, más de calles y edificios, sin embargo, hay lugares maravillosos estacionados en el tiempo que esperan por nosotros, para brindarnos la frescura de la hierba en nuestros pies descalzos, aire libre para respirar y jugar con cometas. Pero, sobre todo, niños por todas partes buscando maestros no solo en un aula de clases, maestros somos la naturaleza, los animales, la vida de cada uno de nosotros, en su esencia más pura, este es nuestro aporte para una sociedad que pide a gritos silenciosos reivindicación. Debemos hacer introspección después de haber vivido una pandemia que tiene connotaciones profundas. Debemos estar conscientes de ese antes y este después que por suerte aún lo podemos contar.