Opinión

CINCO MINUTOS DE LUZ.

Por: Lucy Angélica García/ Portoviejo.

lucygarciachica@hotmail.com

 

El maravilloso don de ser mujer

Una de las mejores cosas que me han pasado es que soy mujer. Esa es la manera que todas las mujeres debieran de sentirse. (Marilyn Monroe. 1926-1962)

Y un día mientras me miraba en el espejo, me di cuenta que no solamente tengo piernas para caminar y correr, sino alas invisibles, con las que puedo trascender los cielos de lo aparentemente imposible, y que puedo volar con mi voz, con mi palabra, y que mis palabras, no son solamente signos trenzados.

Sentí en esos instantes una voz interna convocándome a buscar mi valor, y sentí en mi alma que ser mujer es vivir de una manera tan espiritualmente hermosa, que la sinfonía de nuestras vidas es para atraer a otros a la infinita belleza de quien nos diseñó como mujeres y reconocer que nuestras fuerzas, nuestra belleza, nuestra autoestima, y la esencia de quien somos, deben reflejar su imagen, porque nos formó de tal manera, que dejó en nosotras su huella, para reflejar facetas particulares de su belleza.

También me di cuenta que mi corazón tiene vida propia, entonces cerré mis ojos, y dejé de respirar, y ese corazón mío, seguía palpitando.

Y mientras me hacia consciente de quien soy, también me di cuenta que mis pasos dejan huellas, semillas en esta tierra, y que la tierra que piso es fértil.

Me sentí viviendo mi presente, sintiendo fluir la vida, y que mi sangre es para dar vida, que corre a raudales por mis venas.

Y en este lapso de introspección, me sentí liviana, y todo a mi alrededor tuvo más sentido que nunca, sentí la vida fluir, mi corazón palpitar, y mi alma tan dueña de este templo, me hizo danzar en armonía con todo aquello que Dios me ha otorgado: vida, amor, luz.

Y abrí la ventana para mirar la luna, espléndida y redonda, enamorada, invitándome a mirarla y a soñar, a cantar con el viento una canción distinta, etérea, infinita y empecé a entender el lenguaje de la noche, de los árboles dormidos, de las plantas y las flores, como un himno, un cántico y plegaria de Dios en mi alma.

Hoy puedo entender los sucesos del tiempo de antes, y el tiempo de ahora, y todas las lágrimas guardadas salieron a raudales porque llegó el momento cuando he reconocido lo que soy, y todo lo que era, lo que siempre había sido, mi razón, mi centro, mi esencia, mi alma.

Soy mujer, aquella que amó y que ama, nacida de otra mujer.

Mujer que reza, mujer que ofrenda, mujer que vuela. Mujer que nació para ser sabia, madre entera, fiel esposa y compañera.

Mujer guardiana de su hogar y leña de la hoguera Soy y seré la pared irrompible del templo, el ángel de mis hijos, el fruto vivo, la semilla florecida en el huerto de mil vidas, sendero abierto por mil caminos.

Le debo a mi Creador: Ser mujer Ser hija Ser madre Ser hermana Ser amiga Ser el día y la noche. Ser la tarde y la mañana.

Ser esa mujer que lleva una falda, que guarda su pudor, y lucha por cumplir su misión venciendo batallas, tentaciones y debilidades.

Y cuando llegue el gran día, cuando tenga que partir a esa otra dimensión, miraré mi paso por esta tierra, y todo lo que he vencido, simplemente, porque soy mujer.

 

La autora es docente, poetisa y columnista internacional.