Opinión

Cinco minutos de luz

Por: Lucy Angélica García./Portoviejo.

Vibrando en la energía del amor.

 

Cuántos momentos de nostalgia nos invaden en determinados momentos de nuestras vidas, nos sentimos tristes y ansiosos, con interrogantes que no parecen tener una respuesta desde nuestra condición humana.

Cuando sentimos la pérdida de afectos o de seres queridos que han sido parte de nuestra historia también experimentamos un vacío recurrente y esa pregunta que como un eco resuena buscando esa respuesta. Porqué..?Ante todo esto que socava nuestra mente y espíritu, precisamos comprender que es posible que no estemos alineados a las leyes de Dios y el universo.

Si bien es cierto somos imperfectos, el ego pugna a cada instante por ganarle a nuestra esencia que revela luz, el ego siempre nos pone cortinas que nos impide mirar el punto luminoso que tienen todos los seres que vienen a nuestras vidas como maestros de aprendizajes en el camino de nuestra existencia.

Es preciso reconocer que nuestro ADN espiritual alterado como consecuencia de la desobediencia de nuestros primeros padres, tiene repercusiones en nuestra vibración energética, pues todo en el universo es energía, de tal forma que la tristeza, el enojo, la ira y otros estados emocionales negativos son estados de la mente que interfiere a que nuestro espíritu vibre en alto nivel energético.

Dios es una energía de amor, sanadora, revolucionaria y transformadora, sin tiempos ni espacios limitados, una energía infinita en la cual tenemos la capacidad de vibrar cuando disponemos nuestra mente al conocimiento y nos abrimos al cambio transformador del amor.

Hay situaciones o circunstancias en que preferimos dar una mínima atención a nuestros verdaderos sentimientos.

A veces huimos de ver realidades que nos negamos a aceptar, y nos movemos a través de nuestros horarios con la mente puesta en lo siguiente que tenemos que hacer.

Pero hoy es imperativo tomar un tiempo para notar esos sentimientos y fijarnos en lo que nos hace feliz, aunque sea fugaz, como también a pensar en los aspectos de nuestra vida que nos brindan, o nos han brindado, alegría duradera.

Los sentimientos de felicidad son maravillosos; sin embargo, como dijo una vez el Dalai Lama, son “como una mariposa que se posa sobre nosotros y luego se aleja revoloteando”.