Opinión

CINCO MINUTOS DE LUZ

Por: Lucy Angélica García Portoviejo.
lucygarciachica@hotmail.com

 

 Compasión vs. Espiritualidad

Cuando era una niña recuerdo que mi padre siempre me decía que le gustaría que fuera monja; tal vez no dimensionaba lo que esto implicaba. Durante muchos años he vivido admirando a la madre Teresa de Calcuta, desde que había leído el relato de Malcolm Muggeridge respecto a cómo la monja albanesa había dejado una escuela de niñas de clase alta para atender los cuerpos putrefactos de los que morían en las calles de la India.

El objetivo de la madre Teresa no era salvar las vidas de esas almas desafortunadas, sino simplemente darles un lugar respetable para morir. Su lema era: «Vivieron como perros, pero morirán como ángeles».

La Casa para los Moribundos, un gran salón con paredes blancas y que brilla por algo más que la limpieza; la devoción de las diminutas monjas con sus saris blancos con franjas azules que atendían con paciencia y afecto a los pacientes demacrados, a menudo cascarrabias, con sus llagas supurantes y malolientes.

Yo creo que este cuadro refleja el máximo nivel de entrega que alguien puede tener por sus semejantes, y en el fondo de mi hubiese querido ser parte de eso.

Espiritualidad y trascendencia
Me he preguntado en algunas ocasiones, cuál era mi camino, pues siendo innatamente espiritual, considero que alguien que medita detrás de muros enclaustrados puede elevar las vibraciones de todo el mundo, hasta que leí una cita del maestro Zen Alan Watts:

“La paz sólo la pueden lograr aquellos que son calmados”

Sin embargo, hay mucha diferencia entre una espiritualidad que se centra en el retiro y la meditación, con un sutil desprecio del mundo físico, a aquella que practicaba la Madre Teresa.

Muchas son las almas angustiadas a quienes se les da la bienvenida a la atmósfera sanadora e inspiradora de retiros en el bosque, pero esta es una ayuda espiritual, no física, el propósito es trascender el mundo y no involucrarse en el nivel bajo de lo físico.

Los mandamientos de las sagradas escrituras están divididos en dos categorías: entre el hombre y Dios (por ejemplo, comer kósher, rezar), y entre el hombre y el hombre, por ejemplo, no hablar negativamente del otro y visitar a los enfermos.

Sin dudas, la espiritualidad es importante, tan importante como en cualquier religión oriental. Pero lo físico no se abandona. Más bien se abraza y se vuelve parte del camino espiritual.