Opinión

CIENCIA Y DESARROLLO ECONÓMICO SOSTENIBLE

Ing. Agr. Freddy Amores/Guayaquil

Consultor en investigación agrícola

famores.ec@gmail.com

 

La baja productividad de nuestra Agricultura invita a la reflexión sobre la conexión entre Ciencia y Desarrollo económico sostenible. En conversaciones cotidianas, aulas universitarias, conferencias y foros de discusión, a menudo encontramos poca claridad en la exposición y línea de pensamiento que une ambos conceptos y otros intermedios, dificultando la tarea reflexiva. En mi etapa de investigador agrícola/docente universitario siempre insistí en evitar el uso de conceptos con significados que no manejamos bien, o en el peor de los casos desconocemos; la presente nota me brinda la oportunidad de continuar esta tarea. Sin claridad y/o armonía conceptual los interlocutores (actores del intercambio comunicativo) terminan confundidos y con escasa comprensión. En su definición más básica un concepto modela realidades (hechos, procesos, fenómenos naturales) resaltando y conectando sus características principales.

El concepto de Ciencias Agrícolas modela el funcionamiento de la Agricultura; una tendencia es la especialización del conocimiento por cultivos. La ciencia del cacao, hilo conductor de esta narrativa, es un ejemplo de especialización. La economía de la cadena global del cacao y chocolate, con un valor anual cercano al PIB del Ecuador, depende en buena medida del avance de la ciencia para crecer; la inversión en el progreso científico debería financiarse con un porcentaje de dicho valor. En 2022, las exportaciones de cacao de nuestro país estuvieron valoradas en más de mil millones de dólares; el uno por mil de dicha cifra (unos 12 centavos por quintal) es un monto razonable para financiar un robusto programa de investigación, extensión agrícola y modernización tecnológica de nuestra cadena del cacao y chocolate, eso sí, con una agenda de proyectos bien definida. Para enfrentar el cambio climático, la incidencia de enfermedades y ganar eficiencia productiva y competitividad, la mejora genética de nuevas variedades de cacao debe tener gran peso específico en dicha agenda. CCN 51, INIAP 800, INIAP 801 y recientemente INIAP 802, son variedades de alto rendimiento producto de procesos de mejora genética convencional (hibridación, selección y clonación); en este punto debo señalar que tuve la oportunidad de dirigir con éxito los proyectos que dieron origen a las tres últimas variedades. La mejora genética convencional de especies perennes como el cacao es de largo aliento, pero el avance de la ciencia ira acortando el proceso. Un producto científico relativamente reciente es la secuenciación del genoma de la especie Theobroma cocoa (2010).

El genoma del cacao es una estructura celular compuesta por 20 cromosomas; cada cromosoma tiene una larga molécula de ADN que almacena (como en una biblioteca) la información que necesitan las plantas para su crecimiento y desarrollo; la secuenciación revelo la estructura del código hereditario “escrito” en los genes (unidades de la herencia genética) del cacao; hay grupos de genes que interaccionan entre sí para expresar tal o cual característica de la planta, tamaño de la mazorca, por ejemplo. Alimentadas con el conocimiento del genoma, las técnicas de marcadores moleculares (fracciones de ADN) para asociar partes del genoma con rasgos de interés comercial que permitan predecir su expresión, siguen perfeccionándose. La secuenciación del genoma también abrió la puerta a la investigación para identificar y ubicar los genes que controlan los rasgos comerciales y no comerciales del cacao: rendimiento, tolerancia a enfermedades, resiliencia a la sequía, calidad sensorial, altura de planta, vigor, entre otros.

La expresión de cualquier característica, por ejemplo, el rendimiento, está determinada por la interacción de varios genes en distintos cromosomas, circunstancia que dificulta la identificación y ubicación; si dependiera de un solo gen predecir la expresión de este atributo seria menos complicado. Aunque el camino por recorrer es largo la acumulación de nuevo conocimiento genómico recortara los tiempos y aumentara la precisión de la mejora genética de nuevas variedades de cacao. Uno de los avances más vanguardistas con base al conocimiento genómico es la técnica CRISPR/cas 9 (básicamente una tijera molecular) para “cortar” y/o reemplazar genes vinculados a características indeseables; la incidencia de enfermedades es una de ellas. Este avance representa un hito en el camino de la mejora genética de las plantas; ya hay tomates y trigos comerciales mejorados con esta técnica. A lo mejor el futuro cacaotero se beneficia de variedades mejoradas con CRISPR/cas 9, para cosechar más cacao por m2 de tierra cultivada; la comunidad científica internacional mira en esa dirección.

Así es como el desarrollo tecnológico se nutre del conocimiento científico; al final de cuentas la Tecnología es un solucionador de problemas mediante el control de la naturaleza para inyectar eficiencia en los sistemas productivos, ahorrar recursos y disminuir la incertidumbre en la consecución de las metas propuestas. Sin embargo, la medición de las ganancias de eficiencia en respuesta a tal o cual cambio tecnológico no es una actividad prioritaria en el quehacer de los productores. Con excepciones, el uso de indicadores para medir el desempeño en el campo recibe poca atención, si es que recibe alguna. De allí que la frase “lo que no se mide no se puede mejorar” nos cuenta una gran verdad acerca de la brecha tecnológica en el Agro. Entre mis estudiantes de Agronomía con frecuencia me topaba con jóvenes cuyos padres son propietarios de fincas cacaoteras; a menudo les preguntaba sobre la media de productividad por m2 de su cacaotal; remataba la pregunta cuestionándolos sobre cómo pueden medir la bondad de una innovación sin una base de referencia productiva. Siempre trate de trabajar sobre este tema para crear conciencia ya que la ausencia de respuestas a esta cuestión era la regla; espero que haya funcionado para algunos.

La adopción generalizada de la tecnología es la esencia del concepto de Innovación; el accionar innovador toma impulso cuando los posibles usuarios tiene plena confianza en el beneficio económico del cambio. Los productores con pocos recursos (tiempo, dinero, mano de obra familiar, tierra) no están dispuestos a correr el riesgo de innovar, a menos que la evidencia de que el cambio funciona sea sólida; así evitan malgastar sus recursos limitados. Aunque el primer lote con la variedad CCN 51 se estableció en 1965, su adopción masiva recién arranco al iniciarse siglo XXI en respuesta a la producción de grandes superficies sembradas con esta variedad que sirvieron como “vitrinas”, mostrando la bondad productiva de este cultivar y una sólida evidencia comercial, un claro ejemplo de innovación cacaotera. Desde entonces la producción del país se ha multiplicado por 4.3 y la productividad media al menos se ha duplicado.

Perder de vista detalles tan básicos como la implementación de siembras demostrativas a escala semi comercial o comercial, frecuentes días de campo para mostrar y explicar resultados agronómicos y más que nada económicos, como parte de programas de extensión bien llevados y apoyándose en rigurosos indicadores de avance, es una falencia que incrementa el riesgo percibido por los productores; riesgo que se encarna la pregunta ¿y si el cambio no funciona? Solo la innovación con tecnologías probadas crea valor económico, caso contrario conduce a la destrucción de valor; es así de simple.

El crecimiento económico se apoya en la mayor productividad por m2, menos mazorcas enfermas por árbol, más rendimiento por kilogramo de fertilizante aplicado, y otros resultados que incrementan el retorno por cada dólar invertido en el cultivo. Estos indicadores contribuyen a la Competitividad cuya definición más simple se refleja en la frase “producir más con menos”. La aplicación conjunta y armónica de estos conceptos llevados a la práctica seguro inyectara dinamismo a la Economía cacaotera.

Finalmente, el Desarrollo económico sostenible es un concepto que va más allá del crecimiento económico; tiene que ver con el acompañamiento del progreso socioeconómico (educación, salud, vivienda) del finquero, familia y comunidad, y también con la protección de la naturaleza que suministra los insumos ambientales (nutrientes, agua, biodiversidad y otros) que demanda el proceso productivo. El deterioro ambiental es el reflejo de un bajón de la calidad de los insumos ambientales: el deterioro pasa factura a la presente generación y deja a la generación futura sin futuro. En conclusión, con la ayuda de nuestro producto más tradicional, el cacao, queda demostrado el vínculo que existe entre Ciencia y Economía sostenible; reforzar este vínculo es una necesidad que demanda gran esfuerzo público-privado bien coordinado para capitalizar el potencial de crecimiento de nuestra cadena de valor del cacao y chocolate.