Opinión

Ciénaga de la corrupción

De los 43 distritos que comprenden la provincia de Lima, San Juan de Lurigancho es uno de los más grandes y más poblados; sus tierras son habitadas por familias con un nivel socioeconómico en extremo bajo y, ocasionalmente, medio. Ubicados al noreste de la ciudad, el millón de habitantes del distrito más poblado del país en más de una ocasión ha pensado en constituirse como una provincia aparte para no tener que depender de la jurisdicción de Lima para elaborar sus proyectos de mejora urbana, así como satisfacer sus necesidades que día a día se incrementan a la par que sus pobladores.

San Juan de Lurigancho, gran distrito de la capital limeña, no solo por las dimensiones que ostenta sino por la grandeza de sus habitantes. Personas honestas, solidarias, amenas y sobre todo madrugadoras, ya que día a día deben recorrer los pocos kilómetros que los separan de la ciudad capital y que, por lo general, se encuentran atiborrados de vehículos, caos y la habitual desorganización capitalina que se produce debido a las malas decisiones urbanísticas y de gestión por parte de una ciudad que le ha dado la espalda –con sus decisiones centralistas y cortoplacistas– dejando que los sanjuaninos se desarrollen como buenamente puedan.

Pero, por si eso no bastara, para hacer un poco más incómoda la vida y el vía crucis diario de los sanjuaninos, en los últimos días una de las urbanizaciones de San Juan de Lurigancho –conocida con el nombre de la flor Tusilagos (ideal para los males respiratorios y la tos)– ha tenido que convivir con un aniego de aguas residuales, producto del egoísmo y la indolencia de nuestros otrora gobernantes corruptos, de las malas decisiones de autoridades incompetentes, de la “falta de muñeca” de líderes calzonudos, de la arrogancia de los vendepatria de siempre que acaban coludidos con las empresas constructoras y al amparo de ese viejo lema que más parecía perogrullada: “roba pero hace obra”.

Ahí está el resultado de una frase tan desdichada como aquellos que la profirieron en su momento y que hoy presencian tan dantesca escena en la que lamentablemente vemos inmersos a nuestros conciudadanos rodeados de miasmas hasta el cuello, batallando contra el hedor que es el preludio de enfermedades más nocivas, sobre todo en un momento del año como este en el que las enfermedades están a tiro de piedra en un pueblo tan desnutrido como el nuestro, siempre propenso a estar peor.

Pero, aunque el panorama es –una vez más– desolador, ya los peruanos hemos sabido dar ejemplo de lo que es saber sobreponerse al infortunio; recordemos, si no, cómo hace un par de años Evangelina Chamorro Díaz nos enseñó que se puede salir de entre los escombros haciéndole frente a la adversidad; y si bien es cierto que nuestras autoridades, y los que nos precedieron, solo han sabido legarnos problemas que cual bombas de tiempo hoy van estallando al unísono en una sociedad formada para la competencia despiadada en una ciudad cuyos cimientos son más débiles que la baba de un infante, está en nosotros que podamos superarlos a fin de legar a los que vienen después un país a la altura de los peruanos que verá esta hermosa tierra nacer; y si bien por ahora todos estamos viviendo en la ciénaga forjada por la corrupción, es el momento compatriotas de salir del pantano.

Autor: Willy Ramírez Chávarry,Perù.