Economía

China pretende frenar la desaceleración económica en medio de la mayor crisis inmobiliaria del país

El Partido Comunista de China celebra este martes el Congreso Nacional del Pueblo y todo apunta a que el primer ministro chino, Li Qiang, mantendrá su objetivo de crecimiento económico en el 5% para este año. Todo esto mientras el país atraviesa su mayor crisis inmobiliaria jamás conocida, un incremento de la deuda pública (cuya cifra es totalmente opaca), un incremento del paro urbano, sobre todo juvenil, y una deflación galopante.

 

La clave de esta reunión que mantendrá la legislatura nacional en Pekín esta semana es el ambicioso plan económico para mantener ese objetivo de crecimiento del 5%. Hay que recordar que en el pasado ejercicio se marcaron también un incremento del PIB del 5% a final de año y el desempeño de la economía china sorprendió a todos los analistas. El gigante asiático dio la campanada y cerrarró el ejercicio con una expansión del 5,2%.

Este impulso económico “no es el resultado de estímulos amplios” sino de “factores internos”, aseguró Li en el Foro Económico Mundial, que tuvo lugar a mediados de enero de este año en la localidad suiza de Davos.

Aún así los expertos no creen que China pueda alcanzar sus objetivos de crecimiento este año. En una encuesta realizada por Bloomberg a 27 economistas sobre esta reunión anual del Partido Comunista de China, concluyen que sí es posible que se anuncie este objetivo de crecimiento similar al del año pasado pero “será más difícil del alcanzar dana una base de comparación más alta”, reiteran.

Así, el FMI espera que el crecimiento del PIB se frene al 4,6% este año según sus predicciones de noviembre. La institución aseguró que ese ‘frenazo’ en 2024 se deberá a los “riesgos persistentes” de la caída del sector inmobiliario y la debilitada demanda externa.

Otra de las claves que se espera que anuncie el primer ministro es el déficit fisca. A comienzos de año el ministro de Finanzas, Lan Foan, aseguró en una entrevista en el Diario del Pueblo que este año elevarán su gasto fiscal. Lan no quiso dar cifras pero los expertos esperan que se establezca en la horquilla de entre el 3,3% y el 3,5% del PIB.

En líneas generales, el anuncio del primer ministro se espera como una especie de preámbulo de lo que Pekín pretende hacer a lo largo de este año para apuntalar su economía ante un peor desempeño en los últimos años. Pero dadas las declaraciones de Li en Davos, todo apunta a que no van a optar por el “shock” de estímulos, sino que serán bastante ortodoxos en las decisiones que tomen.

La economista de Maybank Securities, Erica Tay, aseguró que la expectativa de estas sesiones de marzo es que “produzcan un importante estímulo político” pero reitera que por mucho que las autoridades anuncien objetivos de crecimiento ambiciosos “la economía sigue lastrada por excesos de capacidad y la caída del sector inmobiliario”.

La periodista y experta en información económica de Asia para la BBC, Karishma Vaswani, aseguró en un comentario que lo que tiene que hacer ahora Xi Jinping es aprovechar el optimismo que arrojó el buen dato de 2023 y “seguir el modelo de algunos de sus predecesores, que fueron capaces de guir a China a través de períodos de dificultad (…) el pueblo chino debe sentirse positivo acerca de sus perspectivas”.

La propaganda de “las nuevas fuerzas”

El Politburó estuvo haciendo lo que mejor sabe en momentos previos a anuncios grandes: propaganda. El dogma repetido hasta la saciedad fue el de “las nuevas fuerzas productivas”. En concreto, el núcleo duro del Partido Comunista declaró que “es imperativo impulsar los esfuerzos para modernizar el sistema industrial y acelerar el desarrollo de nuevas fuerzas productivas”. En la agencia de noticias estatal Xinhua emitieron el mensaje de que los empresarios están buscando “con entusiasmo” estas “nuevas fuerzas” y están “estimulando la reactivación del noroeste de China”.

A lo que este dogma se refiere es a sectores como el vehículo eléctrico, la inteligencia artificial, las renovables, las infraestructuras avanzadas o los semiconductores de vanguardia.

Aún así, los expertos creen que es poco probable que un gran estímulo de estas “nuevas fuerzas productivas” sea suficiente para reemplazar el sistema antiguo, sobre todo en el caso del sector inmobiliario.

Aún así, estas nuevas fuerzas productivas están teniendo éxito. China se está volviendo tremendamente competitiva frente a sus rivales de Occidente. Con el vehículo eléctrico consiguieron desplazar a Japón como principal exportador del mundo, también superaron a Estados Unidos en instalación de paneles solares y se están poniendo al día en lo que se refiere a microchips.

La idea en Beijing es que estas industrias no sólo harán que China sea globalmente competitiva frente a sus rivales occidentales, sino que también ampliarán una fuerza laboral de altos ingresos, que luego puede impulsar el consumo. Muestra cómo el Gobierno va más allá de la política fiscal y monetaria tradicional y lidera con audaces reformas del lado de la oferta, dicen sus defensores.

El problema está en que el mayor aporte de crecimiento al empleo de China vino del sector servicios en la última década. “No hay ninguna razón particular para que eso cambie”, dijo el jefe de investigación de Gavekal en una presentación esta semana. Al final estas empresas presentan “una proporción bastante pequeña” de la fuerza laboral, dijo.

Así, el crecimiento de China se está deteriorando hasta el punto que el Fondo Monetario Internacional prevé que en 2028 el PIB esté en torno al 3,4%.

Fuente: Revista El Economista