Internacional

Chile dice un contundente «no» a la Constitución de Gabriel Boric y obliga a un consenso político

Chile dijo «no». El laboratorio de experimentación política que es desde hace tres años el país sudamericano ha entrado en una zona de incertidumbre este domingo, al rechazar un contundente 62% de los votantes en una elección de asistencia masiva el texto de la nueva Constitución que debía reemplazar a la sancionada por la dictadura de Augusto Pinochet en 1980.

El resultado fuerza al presidente Gabriel Boric, con 36 años, el más joven de América Latina, a exhibir toda su habilidad política para cumplir con el mandato del plebiscito de octubre de 2020, cuando un 80% de los votantes votó a favor de sancionar una nueva Ley Fundamental. Pero en los 23 meses que transcurrieron desde entonces han sucedido muchas cosas en el país.

Así ha reflejado la prensa internacional el rechazo a la Constitución en Chile
El entonces presidente Sebastián Piñera, de centroderecha, dejó el poder tras el triunfo de Boric en diciembre de 2021, al frente de una coalición que instaló en el Palacio de La Moneda al gobierno más de izquierdas desde el de Salvador Allende en los 70. La convención constituyente votada en 2021, de sesgo izquierdista y rompedor, alumbró un texto que se tornó indigesto para buena parte de aquel 80% a favor del cambio.

Así, la ambición de una Constitución que entierre el último legado pinochetista ha quedado congelada. El desafío de Boric es que sea un congelamiento sólo temporal.

BORIC TIENDE PUENTES: «EL PUEBLO CHILENO NO QUEDÓ SATISFECHO»
Tres datos más dan una idea de la dimensión del fenómeno. Uno, que con el voto obligatorio se han acercado a las urnas 12 millones de chilenos para alcanzar un 85% de participación. El otro, que el «rechazo» ha ganado en todas las regiones del país, incluyendo la metropolitana en torno a Santiago, que era donde el «apruebo» esperaba compensar el desafecto del Chile rural. ¿El tercero? El «no se ha impuesto en 338 comunas, el «sí», en apenas seis.

Un cambio político asombroso. Boric ganó hace apenas nueve meses con gran claridad la presidencia sobre el derechista José Antonio Kast. Muchos de los que lo votaron ahora le dieron la espalda, en una muestra de la aceleración de los tiempos políticos en la convulsionada América Latina y de la sofisticación del votante chileno, que así como da, quita.

Tras el duro golpe, y mientras las calles de Santiago se llenaban de gente y de coches que salían a celebrar, Boric busca tender puentes. «El pueblo chileno no quedó satisfecho con la propuesta de Constitución que la Convención le presentó a Chile y por ende ha decidido rechazarla de manera clara en las urnas».

«Esta decisión de los chilenos y chilenas exige a nuestras instituciones y actores políticos que trabajemos con más empeño, con más diálogo, con más respeto y cariño hasta arribar a una propuesta que nos interprete a todos, que dé confianza, que nos una como país», ha añadido Boric, que ha pedido que «el maximalismo, la violencia y la intolerancia con quien piensa distinto» no protagonicen el nuevo intento de aprobar una Constitución que sustituya a la hoy vigente, sancionada durante los años de Pinochet, en 1980.

En esa frase se advierte con claridad el camino que pretende tomar el presidente: dejar fuera de juego a los sectores más radicales de su coalición y «socialdemocratizar» su gobierno y a la próxima asamblea constituyente. La anterior alumbró, tras nueve meses de trabajo, un texto demasiado extenso y repleto de brindis al sol, además de cambiar de raíz la arquitectura institucional del país y de quebrar una serie de consensos existentes. Los chilenos ya han dejado claro que no quieren eso.

La nueva convención constituyente promete contar con unos escaños menos independientes y menos representantes de los pueblos indígenas, además de cerrar el texto en un espacio más acotado de tiempo.

«EL GOBIERNO SE MODERARÁ, Y ESO AYUDARÁ A BORIC»
«Lo importante para el presidente es terminar su gobierno con un nuevo texto, sin la Constitución de Pinochet», explica a EL MUNDO Cristóbal Bellolio, académico de la escuela de gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez. «El presidente fue el, que en los momentos complicados tras octubre de 2019, dio luz verde a este proceso, es quien lo impulsó», recuerda Bellolio.

«Ahora tiene la oportunidad de encabezar un nuevo proceso que no esté dominado por el octubrismo duro, por la izquierda más radical de la coalición de gobierno. Y generaría un cambio de fuerzas, el comunismo más duro perdería frente al socialismo democrático, que puede echarle en cara al comunismo que desperdició una oportunidad histórica. El gobierno se moderará, y eso ayudará a Boric».

El gobierno se moderará porque cambiará. Boric prepara modificaciones profundas en el elenco de ministros, lo anticipó en un discurso desde el Palacio de La Moneda en el que casi parecía pedir disculpas a la ciudadanía.

«Sé que esperan soluciones contundentes ante la inseguridad, la violencia en el sur, el déficit de vivienda, el aumento del costo de la vida, la falta de apoyo a los cuidados, la reactivación a nuestra economía, las eternas listas de espera en salud, la calidad de la educación y las bajas pensiones. Hacer frente a estos importantes y urgentes desafíos requerirá prontos ajustes en nuestros equipos de gobierno. Pueden tener la tranquilidad que el camino a una nueva Constitución jamás será obstáculo a las urgencias que ustedes nos han planteado».

«LLEGÓ LA HORA DE LOS MODERADOS»
Ya en la noche del domingo, el diario La Tercera sintetizaba con agudeza la situación: «Al parecer, llegó la hora de los moderados y experimentados». Es lo que el ex presidente Ricardo Lagos, socialdemócrata, planteó a Boric en conversaciones reservadas: su gobierno es demasiado joven e inexperto, necesita sumarle peso específico.

El presidente ha convocado para este lunes por la tarde a los representantes de los principales partidos políticos a La Moneda. Está obligado ahora a tranquilizar a dos flancos: a aquellos que se opusieron a la nueva Constitución desde la moderación y a los de su sector político, que ansían enterrar el texto de 1980. Lograr un punto de encuentro entre ambos sectores será la clave de bóveda para transitar sin turbulencias excesivas un mandato que lleva seis meses, pero que por lo intenso parecería haber comenzado hace dos años.

No todos asistirán, algunos de ellos quieren que se visualice la derrota del gobierno antes de salir en su auxilio. Boric, sin embargo, cuenta con una carta a favor que tiempo atrás no hubiera sido tan sencillo conseguir: la oposición está a favor de reformar la Constitución. «Vamos a refrendar nuestra voluntad de que el proceso constituyente continúe», asegura Javier Macaya, presidente de la Unión Democrática Independiente (UDI), uno de los principales grupos de la derecha chilena.

«UN ESTADO DE ODIOSIDAD»
«¿Qué es lo que se espera de mí el 4 de septiembre? ¿Qué señales debo entregar a la ciudadanía?», se preguntaba Boric en los últimos días, según La Tercera. La conclusión ha sido clara: el inquilino de La Moneda necesita llamar a la unidad. Y dar pasos en ese sentido. Para entender cómo hacerlo y recibir consejos se reunió con el ex presidente Ricardo Lagos, que se convirtió en un influyente crítico de las formas del proceso que se está viviendo en el país.

«Lo que tenemos acá es un estado de odiosidad», sintetizó Lagos. De las conversaciones entre el ex y el actual presidente salió el discurso que Boric comenzó ya a intensificar el mismo domingo, tras votar. «Puedo garantizar que nuestra voluntad y acción, independientemente del resultado, será convocar a una amplia unidad nacional de todos los sectores, de las organizaciones sociales, de la sociedad civil, de los partidos políticos, queremos escuchar todas las voces para poder seguir adelante con este proceso», aseguró.

«Las divisiones no nos hacen bien, y cuando nos unimos es cuando sale lo mejor de nosotros, de nuestra identidad», añadía el presidente, que en sus seis primeros meses de mandato se ha mostrado más como un socialdemócrata que como un apéndice controlado por el Partido Comunista, el temor esparcido por sus detractores. Desde esa relativa moderación, si Boric muestra pericia política podría salir ganando más allá del resultado del referéndum.

La propuesta de Constitución rechazada era de las más extensas y detalladas del mundo. Aquellos que la defendían argumentaban que se necesita ese nivel de detalle para «blindar» un Chile que se aleje del neoliberalismo y refuerce su perfil social. Los más críticos, este domingo ganadores, insisten, en cambio, en que el texto rechazado atenta contra la estabilidad y el desarrollo económicos que ha mostrado Chile en las últimas décadas y lo encaminaba hacia el modelo venezolano.

REACCIONES EN LA REGIÓN
Desde Colombia, el presidente Gustavo Petro apeló a la simplificación. La propuesta de nueva Constitución en Chile se resume para él en un «revivió Pinochet». El problema de semejante análisis es que no dan las cuentas, ya que un 80% de los votantes apoyó en octubre de 2020 el llamamiento a una asamblea constituyente para redactar una nueva Ley Fundamental y un 54% votó por Gabriel Boric en diciembre de 2021. En ese 62% que ha dicho «no» hay de todo, pero también muchos votantes del centroizquierda y de Boric.

El 65% de los chilenos residentes en España han aprobado la Constitución
Según el Servicio Electoral de Chile, un total de 7.228 chilenos residentes en España han participado en el referéndum constitucional. De ellos, 4.718 electores han mostrado su apoyo a la propuesta de una nueva Carta Magna, lo que supone el 65,61%.

 

 

 (elmundo.es)