Cerati y el puente que seguimos cruzando
Por: Yovana Cárdenas Lino
Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.
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En los últimos meses, Sudamérica ha sido escenario de un fenómeno que mezcla tecnología, memoria y deseo colectivo: conciertos que recrean a Soda Stereo mediante inteligencia artificial y otros recursos que buscan revivir lo irrepetible. Para muchos, es un reencuentro; para otros, una ilusión que inquieta. Pero más allá del debate, lo que queda claro es que la obra de Gustavo Cerati sigue latiendo en quienes lo escucharon alguna vez, en quienes crecieron con él y en quienes hoy lo descubren por primera vez.
Sin embargo, ningún intento de reconstrucción tecnológica puede capturar lo esencial del compositor: su mirada única sobre el amor. Cerati no escribía sobre sentimientos idealizados o triviales; retrataba el amor como un movimiento, como una energía que se abre paso y que transforma. Entre todas sus metáforas, “Puente” representa quizá el momento más claro y luminoso de esa visión. Una inspiración personal que terminó convirtiéndose en un símbolo universal.
El puente, en su poética, es el gesto de atreverse a avanzar hacia el otro. Es una invitación a cruzar distancias emocionales con confianza, sabiendo que al otro lado hay un lugar posible para dos.
Cerati insiste en que ese puente no es solo una estructura imaginaria: es una decisión, un movimiento, un permiso que uno mismo se da para acercarse al otro. Cruzarlo implica dejar atrás lo que lastima, lo que confunde, lo que nos mantiene atrapados.
En el punto más elevado de la canción, aparece la frase que resume todo: la invitación a encontrarse “al otro lado”. Es un llamado a decirse las cosas con franqueza, a abrirse y a compartir lo que se siente de manera limpia. Es un momento de expansión emocional donde todo parece posible.
En la visión ceratiana, el amor nunca es estático. Se mueve, atraviesa, vibra. No es holograma ni réplica: es riesgo, es salto, es cruce.
La metáfora del puente nos recuerda que amar exige movimiento: abandonar la quietud, derribar miedos, acercarse a pesar de las dudas.
Tal vez por eso Cerati sigue siendo un punto de referencia. No por nostalgia, sino por vigencia. Por esa manera suya de unir lo íntimo con lo cósmico, lo cotidiano con lo trascendente.
