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En el cementerio de Santa Rosa, 51 pequeños encontraron su descanso

Cada resto fue colocado en una pequeña cajita blanca.

Quito. “En memoria de los niños no nacidos”. La lápida no tiene ningún nombre, apenas una fecha: 26-VII-2017. Pero el mármol cuida dentro de sí a 51 pequeños fetos y recién nacidos cuyos cuerpos se encontraron sin vida en las calles de Quito. No se sabe quiénes fueron sus padres, qué pasó con ellos o si llegaron a respirar una sola vez.

Solo se conoce que fueron encontrados entre 2014 y 2016, en la basura, quebradas o en la calle. De esa dura realidad surgió ‘Bebés al cielo’, el proyecto que unió a la Policía y la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de Quito para brindar a los pequeños cuerpos un sitio de descanso digno y acorde a su condición humana.

Los “angelitos”, como cariñosamente los denominaron, estuvieron en la morgue de la Policía desde que los encontraron. En esa institución aún permanecen 21 más. Paula Vernimmen, directora general del Sistema Nacional de Ciencias Forenses, explicó que muchos de ellos corresponden a bebés abandonados y abortos clandestinos.

“La Policía realiza el levantamiento de los cuerpos y enseguida son parte de una investigación, pero al no ser retirados por familiares, solicitamos a Fiscalía un permiso para inhumar a los bebés”, explicó la funcionaria.

El proyecto tuvo una triste semilla, pero semilla al fin y al cabo. Comenzó en diciembre de 2016, cuando la Policía encontró los restos de cuatro bebés abandonados, los que fueron trasladados a la morgue como era el proceso regular. La situación no pasó desapercibida para la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de Quito, la cual decidió que era momento de intervenir y brindarles una sepultura adecuada a su condición humana.

El área de Medicina Legal junto a la Curia y la Pastoral Familiar decidieron poner en marcha ‘Bebés al cielo’.

Ayer 51 de los pequeños restos fueron inhumados. Luego fueron trasladados hacia el cementerio de Santa Rosa, en el sur de Quito, por una calle de honor integrada por los cadetes de la Escuela Superior. Entonces se realizó una gran misa campal y durante la eucaristía, previo al sepelio, a cada recién nacido no identificado se le otorgó padres adoptivos.

Los peritos de necroidentidad de la Unidad de Medicina Legal de la Policía tomaron muestras de ADN para que en caso de ser necesario, o se presente la oportunidad, puedan ser reclamados por sus familiares.

Cada resto fue colocado en una pequeña cajita blanca. Una a una, las urnas fueron devueltas a la tierra. Es difícil no recordar la bíblica cita “de polvo eres y en polvo te convertirás”… (El Ciudadano/LA NACIÓN)