Opinión

CASTELLANO O ESPAÑOL

POR: DR. ERNESTO VERNAZA TRUJILLO/ Guayaquil

Si bien ambos términos son válidos, la palabra español es más recomendable por carecer de ambigüedad, ya que el castellano es el español que se habla en Castilla.

El español lo hablamos 500 millones de personas, es idioma oficial en países de los 5 continentes. Dos países de África: Marruecos y Guinea Ecuatorial; uno en Asia: Filipinas; en Oceanía: Isla de Pascua; en América 21 países y en Europa, España.

Aunque la RAE solo recoge 88.000 palabras, nos comunicamos con muchas más, porque es un idioma vivo que se nutre a diario. Es un craso error pensar que una palabra que no está en el diccionario no existe y no la debemos usar, es lo bello del idioma que va incorporando nuevos vocablos y desechando otros.

En promedio el pueblo usa unas 300 palabras al día, una persona culta, unas 500 expresiones, Un escritor puede llegar a utilizar 3000. El reguetón exageradamente utiliza 45 palabras que se repiten cansinamente.

El español es una lengua romance, porque proviene del latín que se hablaba en Roma, otras lenguas romances son el francés, el italiano, portugués y catalán. Está constituido por alrededor de 70 % de palabras derivadas del latín, un 10 % del griego, un 8 % del árabe, y el resto oriundas de distintos dialectos.

Los hispanos parlantes han ido incorporando de otras lenguas términos que han enriquecido su comunicación, así; gracias al árabe nos abrazamos a una almohada; sufrimos con los algoritmos y logaritmos y vemos a una estrella en su cenit. Tras el descubrimiento de América se incluyeron muchos términos de las lenguas indígenas. Por el maya podemos decir que comemos aguacate o nos rascamos un testículo, pedimos un helado de chocolate, hacemos salsa de tomate, con cacahuate, y nos pica el chile; gracias al quechua comemos, chirimoya, pedimos la yapa, con ñeque viendo al cóndor en la pampa, buscando papa. Por lenguas antillanas andamos en canoa, vemos tiburones, hacemos barbacoa, nos mecemos en una hamaca, fumando

tabaco, comiendo maní, tocando maracas sin imaginarnos que viene un huracán. Gracias a la lengua celta se puede trabajar en un andamio, para fundir una losa, batir un huevo, las mujeres pueden usar bragas, ir por un camino sin camisa, cantando, después de beber cerveza. Tenemos el placer de decirles a nuestros asambleístas zoquetes Por el catalán nos mecemos en un columpio mientras miramos las nalgas de unas féminas que salen de un burdel con una cantimplora en una mano y un perol en la otra. Por el portugués comemos mermelada perdemos la chaveta, comiendo caramelos en pleamar, antes que se venga un chubasco o se arme un pleito.

Hemos incorporado del inglés muchas palabras tecnológicas como router, email, chat, click, marketing.

No es verdad que hablamos peor. La innovación no degrada el idioma.

Y así como hemos incorporado palabras, hemos lamentablemente perdido por desuso otras como culillo, fulero, quiño y torteado.