Opinión

Carlos Falquéz Batallas

Leonardo Escobar Bravo

leonardoescobarb@hotmail.com

El año 1948 vio nacer, en el Parque de la Victoria de Guayaquil, al partido del pueblo ecuatoriano: Concentración de Fuerzas Populares (CFP). Por dicho partido transitarían ilustres hombres del Ecuador, como Carlos Guevara Moreno, Alfredo Escobar Urbina, Assad Bucaram y Jaime Roldós Aguilera, quien llegaría a la presidencia de la república. Por aquel partido pasaríamos Carlos Falquéz Batallas y yo, y estableceríamos una fuerte y loable amistad que ha resistido luchas y contratiempos hasta nuestro presente, soportando la prueba de los años.

En 1978, con 30 años de existencia, es el CFP artífice por medio del cual Carlos Falquéz y yo cruzamos caminos, entablando lo que se convertirá en una estrecha amistad, fundada por los deseos juveniles de reavivar la democracia nacional, tras padecer varias dictaduras civiles y militares entre los años 1972 y 1979. Fomentado el compañerismo por nuestra participación en el Congreso del Ecuador y el quehacer político, e identificándonos por nuestros roles en el sector deportivo –Carlos con su equipo Carmen Mora y después aportando en Emelec–, cristalizamos obras junto a Omar Quintana, como: la Sede de los Samanes; las piscinas del Centro Cívico; el autobús del C. S. EMELEC; la emisión de sellos postales para Alberto Spencer, Iván Kaviedes, Jorge “Pibe” Bolaños, Carlos Alberto Raffo y otros grandes del deporte ecuatoriano, entre estos el sello del EMELEC, primer campeón del Ecuador que entonces cumplía 70 años. Apoyó, también, desde 1979 hasta 1988, la construcción de los Complejos Deportivos del Athletic Club en el Guasmo.

Hemos sufrido golpes similares en el transcurrir de nuestras vidas, y en esas malas rachas encontramos apoyo mutuo; seguro un factor clave en la solidificación de nuestra estrecha amistad. En la década de los ’80 mi hijo mayor, enfermó gravemente, y en la década de los ’90 le paso a un hijo de Carlos. En aquellos difíciles años, ambos con la angustia que sólo un padre puede entender, encontramos aliento y resiliencia el uno del otro, y de aquellos leales hermanos del camino que estuvieron a nuestro lado. Años después, el 17 de noviembre de 2002, me encontraba al término del día en la ciudad de Pasaje, en El Oro, junto a Carlos y otros amigos, cuando me comunicaron vía telefónica el fallecimiento de mi padre, Alfredo Escobar Urbina. Se turba la mente, se le va a uno el aliento, la misma fuerza vital, la pérdida del equilibrio y los sentidos; que horrible sentimiento por el que millones pasan a diario, que momento tan difícil de aceptar. Pero por Dios que tuve gente a mi lado que me consoló, que me dio ánimo para encarar tal golpe. Carlos me dio su carro y volví a Guayaquil pronto, a decirle adiós a mi guardián y mentor.

Carlos Falquéz Batallas, maestro de profesión, la cual lleva arraigada en su ser, y es la más noble de todas; inculcar en las nuevas generaciones el saber y ser un guía. Aquel espíritu de profesor se extendió en su posición política y deportiva; como Legislador, Director de Deporte del Ecuador, Gobernador del Oro, Prefecto de la misma, Vicepresidente del Parlamento Ecuatoriano, entre tantas otras dignidades, para culminar con la Alcaldía de Machala, más recientemente. Y en todas estas dignidades fue un maestro, educando a nuestro país por medio del acto político, renovando, revolucionando la ciudad de Machala, convirtiéndose en un referente de la posición.

Carlos, en tanta lucha y que hacer, no demoró en presentarse cuando fui encarcelado injustamente, y nunca dejó de apoyarme en las dificultades; a mí, a mi familia. Así, mi amigo, ten presente que tus actos no pasan desapercibidos; cuando fuiste desplazado injustamente de la contienda electoral, conversamos y te ofrecí en su momento una carta; nunca es tarde. Especialmente porque la lucha aún no termina, aún tienes mucho que hacer por tus seres queridos y por tu país; el Ecuador necesita hombres como tú. Hoy tu hijo, a quien tan bien formaste, lidera Machala en su constante progreso y prosperidad, y tiene a su lado al mejor de los mentores, el mejor alcalde hasta ahora de esa bella ciudad que transformaste.

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