Opinión

Caricias ásperas

Claudio Campos

claudiocampos142@hotmail.com

@claudioncampos

Aquella madrugada desperté con la peor de las noticias, recordando el último beso que te di pero por sobre todo aquella sonrisa escondida en tu rostro que esbozaste para mí durante todo el tiempo que pasamos juntos.

La mañana se hizo larga y mis sentimientos no entendían que estaba sucediendo, la confusión invadió de tal manera mi ser que en más de una ocasión sentí que me volvías a acariciar con esas manos ásperas pero llenas de ternura; simplemente ya te estaba extrañando. Por la tarde tenía un partido importante que jugar para el colegio, después de almorzar algo rápido acudí sin muchas ganas al reducto dónde estábamos convocados pero una ráfaga de luz que encandiló mis ojos activó el más profundo de mis deseos, el de homenajear a un gran ser humano que vivió refugiado detrás de una coraza que supe alguna vez vulnerar.

Últimamente no recuerdo fechas porque prefiero aferrarme a los momentos y sensaciones vividas, es por eso que después de un centro que domine con el pecho en el aire y posterior remate de volea que hizo descansar el balón en el fondo de la red, mis ojos llenos de lágrimas expresaron el amor que tuve siempre por vos explotando después de un gol que quedará en un cuadro especial en la galería de mis recuerdos porque sentí que lo gritaste conmigo.

Te fuiste cuando tenías que irte, aproveché cada minuto que me regalaste y aprendí que se puede querer de muchas maneras aún sin decir tantas palabras. Este es un pequeño recuerdo de quien fue don Raúl Crugeiro, mi abuelo, un tipo rústico y silencioso que supo con sencillez y miradas transparentes ganarse mi corazón para siempre.

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