Opinión

Cambios de verdad.

Jorge Norero González/ Guayaquil

 

Los que promueven la violencia con leyes absurdas, acciones de protección, medidas sustitutivas, indultos y amnistía, ahora se rasgan las vestiduras, y se escandalizan por el incremento de la inseguridad, reciben regalos y dinero del narcoterrorismo, y nada hacen por eliminar la tabla de consumo de drogas…

La decadencia y fracturas en todo orden en la escuela superior de policías, no es más que el fiel reflejo de lo que sucede en la sociedad y en casi todos los centros de Formación de niños y jóvenes, dónde los profesores, pedófilos, violadores y degenerados, inculcan sus odios y resentimientos a muchas generaciones de futuros ciudadanos, marcados con todas estas desviaciones y traumas, arrebatándoles a ellos lo más preciado su inocencia y el derecho a ser felices, libres, tener oportunidad y confiar en la grandeza y solidaridad de vivir unidos en respeto, lealtad y con mucho amor.

De ahí que la sequía y el gran desierto en que se encuentran muchos jóvenes adultos, incluso profesionales, es producto de esas traumáticas experiencias, el haber vivido abandonados de la atención de sus padres y de una buena observación de las instituciones, marcan todo un futuro incierto, demasiado materialista, frío, indiferente, que no se encuentra con sus propios sueños y metas, que desprecia todo aquello que le recuerda sus traumas y reacciona con violencia y con agónico grito, reclamando no los dejemos solos…

Nuestros jóvenes necesitan con urgencia, les prestemos atención, no importa si son cadetes aspirantes a policías, militares, curas, médicos, abogados, ingenieros, etcétera. Demandan amor, ser escuchados, y en esa reestructuración que se dice van a efectuar en la academia de policías, qué tal si antes no escuchamos a los cadetes, sus aspiraciones, inquietudes, dolor, traumas, comencemos de manera diferente, no es suficiente demoler edificios, aquello es maquillaje, el cambio debe empezar de arriba hacia abajo y por los últimos acontecimientos de abajo hacia arriba, así se cambian y derrumban paradigmas y códigos de deshonor y de vergüenza.

Perdonadme, a veces me vuelvo medio filosófico y romántico, me duele demasiado ver cómo desperdiciamos la vida de nuestros niños y jóvenes por la maldita codicia y la avaricia de poder y dominio

Semper Fi.