Opinión

Caleidoscopio de Semana Santa

Abdón Espinosa Valderrama

Diario El Tiempo de Colombia

El Jueves Santo inició con la conmemoración en debida forma de la Pasión del Señor, Jesucristo, con episodios muy variados en medio de las celebraciones estrictamente litúrgicas. Algunos tan dramáticos como los atentados terroristas en Bruselas, sede de las organizaciones nacionales europeas y, por ello mismo, blanco ineludible de los atentados del Estado Islámico.

Hasta cierto punto, han venido siendo contraataque terrorista a los bombardeos represivos de sus bases por las grandes potencias democráticas, de antemano cuidadosamente escogidas e infiltradas. Por descontadas se daban sus respuestas destructivas, pero aun así no les iba a ser fácil prevenir y evitar, dada la penetración encubierta de núcleos hábilmente incrustados en su organización civil. Razones suficientes debe de haber tenido el papa Francisco para hablar de los comienzos de una tercera guerra mundial. Si no lo es la que se libra contra los fanáticos yihadistas, ¿cuál otra se divisa en el horizonte? Es, hoy por hoy, la principal amenaza mundial que urge detener y solidariamente erradicar.

Pero tan dramáticas como son sus expresiones, no copan el horizonte en relación con Colombia, también oscurecido por el fallo de la Corte de La Haya sobre las disputas del mar territorial que Nicaragua amenaza con apropiarse ladinamente. La opinión pública colombiana y la totalidad de sus fuerzas políticas cerraron filas en apoyo de las gestiones y posiciones gubernamentales del presidente Juan Manuel Santos. Así, con este frente monolítico, se evitó una crisis política de azarosas dimensiones e implicaciones. En adelante, con él habrá de contarse, aunque no sobre observar la falta de internacionalistas en el equipo de asesores jurídicos del Gobierno, rama que algunos deben conocer y dominar y en la que descollaran ilustres compatriotas.

La visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a Cuba tuvo vastas repercusiones e implicaciones como paso decisivo para subrayar la reanudación de relaciones diplomáticas y concretarla en hechos tangibles. No cabe olvidar que la gran potencia y su vecino insular fueron eslabones estratégicos de la llamada Guerra Fría. En la cual también participó, con la amenaza de utilizar su arsenal atómico, la Rusia soviética de Kruschev, en peligroso forcejeo con el presidente Kennedy, de Estados Unidos, luego destinado al sacrificio.

Pasaron los años y las posiciones oficiales de ambas potencias se fueron suavizando, sin perjuicio de las posiciones tomadas de emergencia. En antiguallas parecen actualmente convertidas, llamadas inevitablemente a desaparecer. Entre otras, el embargo comercial a Cuba.

Fue ostensible la diligencia de Estados Unidos de contribuir al pleno restablecimiento de la paz en Colombia. Plena prueba fue la entrevista de Mr. Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos, con la delegación de las Farc a las negociaciones en La Habana. A juzgar por elocuentes indicios, se creería que estaban preparados para la opción de la rúbrica del documento final en la fecha señalada del 23 de marzo.

No de otro modo se entiende el aparente desliz del presidente Obama al calificar de guerra civil el conflicto colombiano y de esta suerte reconocer a las Farc como bando legítimamente beligerante. El pasmoso crecimiento de los cultivos de coca en el país constituye toda una campanada de alerta o alarma a cuanto tal hecho significa. Ningún alzamiento en armas puede escudarse válidamente en esa letal premisa.

A cuantos lean estas líneas, lléguenles fervientes votos por que esta Semana Santa les dé motivos para renovar la fe en los principios que la figura divina de Cristo encarna y simboliza.

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