Opinión

CACAO: NECESITAMOS UNA VISION DE FUTURO

Freddy Amores P.

Guayaquil, Ecuador

Consultor Investigación Agrícola

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Desde la cosecha del grano hasta la venta minorista de la producción industrial y artesanal, la cadena global del cacao, chocolate y derivados tiene un valor que se acerca a 200,000 millones de dólares; la demanda anual del grano avanza a una tasa del 2.5% equivalente a unas 120,000 toneladas. Sin embargo, la producción extensiva (poca tecnología-baja productividad) limita la oferta y arriesga la sostenibilidad de las cosechas en África, América y Asia. En general, la presión de las enfermedades y patrones climáticos inusuales deterioran el entorno ambiental del cultivo y siembran incertidumbre en las expectativas de producción. Actualmente, una combinación de ambos factores están causando una marcada disminución de los volúmenes de cosecha en la costa occidental de África, región que suministra el 70% de la oferta mundial del grano. El recorte esta agitando fuertemente el mercado y ha disparado el precio a un máximo sin precedente; el máximo anterior fue en 1977.

Luego de una tendencia alcista que arranco el primer trimestre de 2023, el precio del cacao llego a 12,000 dólares/tonelada en Abril/2024, estabilizándose alrededor de 8,000 dólares en la mitad del año, en medio de anuncios de mejora de las previsiones climáticas en la región más productora.  La brusca escalada del precio responde a la acumulación del déficit por el bajón de las cosechas en África acompañado por una gran ola especulativa en los mercados de futuro; según analistas la brecha entre oferta y demanda será superior a 400,000 toneladas al fin de año. La recuperación de la producción para acortar significativamente la brecha a corto plazo es incierta.

Las moliendas y el consumo no han cambiado todavía por las generosas reservas de grano que la industria mantiene para enfrentar riesgos de corte de suministro, usualmente arriba del 50% de sus necesidades operativas, aunque se contraen rápidamente por la dificultad para renovarlas ¿Que fundamentos debería sostener una visión de futuro para guiar el desarrollo de nuestro sector cacaotero y aprovechar el potencial de crecimiento que deja ver el escenario descrito?

Una mirada al paisaje global juntamente con el análisis local de fortalezas y debilidades es un ejercicio útil para visualizar el futuro deseable de nuestra cadena de valor del cacao, futuro que capitalice el potencial de crecimiento a la vista. El análisis de la conexión entre el origen, historia, cultura, ciencia, tecnología, agronomía, industria y economía, es un ejercicio necesario para aclarar la cuestión de cómo llegamos al escenario cacaotero actual. La comprensión del camino recorrido es clave para visualizar hacia dónde queremos ir desde aquí. Contar con una visión de futuro como punto de referencia e instrumento orientador (una forma de capital) del norte a seguir es útil para diluir la incertidumbre de lo que quisiéramos ser como cadena de valor. Una síntesis del camino andado es el primer insumo en este ejercicio.

El cacao es originario del trópico bajo-húmedo americano. La diversidad genética de los árboles silvestres de esta especie es un recurso natural esencial para el desarrollo de nuevas variedades; dicho recurso se concentra en buena medida en la región de pie de monte oriental de la cordillera andina que incluye a la Amazonia ecuatoriana; los ríos que corren por el pie de monte alimentan al gran rio Amazonas. Según investigaciones recientes los nativos de lo que hoy es la zona de Zamora-Chinchipe utilizaban el cacao de árboles silvestres en bebidas y rituales religiosos hace más de 5,000 años. En algún momento de este prolongado periodo transportaron mazorcas a la región Litoral o Costa; este hecho se convirtió en el origen del cacao Nacional ancestral que comenzó a exportarse desde hace 400 años.

Hacia el final del siglo XIX se introdujeron cacaos con otra base genética los que se hibridaron naturalmente con el cacao Nacional; nuevas introducciones con distinta base genética a mediados del siglo XX produjeron más hibridaciones. Los árboles de nuestras huertas tradicionales en la Costa son el resultado de la descendencia de estas mezclas; tamaños, formas, colores y sabores de las mazorcas cosechadas en estos sistemas de cultivo reflejan esa condición. En los años 20’s y 30’s la producción cayó drásticamente por acción de las enfermedades escoba de bruja y moniliasis (se ha sumado la mazorca negra también con alta agresividad); la recuperación comenzó medio siglo más tarde.

Aunque producto de la investigación cacaotera del INIAP se entregaron variedades mejoradas de cacao de tipo Nacional en los 60’s y 70’s, la productividad media del país no fue más allá de 0.3 ton/ha hasta el final del siglo XX. La siembra masiva con la variedad CCN 51 de alto rendimiento, fruto de un esfuerzo privado de investigación, adquirió un fuerte impulso al comenzar el siglo XXI. Se produjo un gran salto tecnológico que al presente ha multiplicado la productividad media por 2,2 y la producción y exportaciones por 4.3; se estima que el valor acumulado de las exportaciones podría alcanzar 3,000 millones de dólares al concluir 2024. Además, ahora Ecuador cuenta con nuevas variedades (INIAP 800, INIAP 801 e INIAP 802) de alto rendimiento, las que bien zonificadas rinden tanto como CCN 51; en conjunto son un equipo de clones que si están apoyadas por un robusto programa de multiplicación de plantas de calidad y transferencia de tecnología, pueden duplicar otra vez la productividad media del país, mientras más pronto mejor.

Sin embargo, la tarea de encarar el cambio climático y la presión de las enfermedades es permanente y demanda el desarrollo de nuevas variedades genéticamente mejoradas, acompañadas de prácticas de cultivo efectivas para construir alrededor de ellas un entorno ambiental favorable; después de todo la base genética de las plantas es el motor principal de cualquier sistema productivo. Capital humano, investigación, transferencia de tecnología, innovación e institucionalidad efectiva para coordinar estos recursos, son clave para enfrentar ambos desafíos, pero se necesita invertir en capital de calidad.

Los países y las cadenas de valor no crecen, o crecen poco, sin invertir en la adquisición de distintas formas de capital (capital es todo lo que contribuye a crear valor); la inversión debe financiarse con un porcentaje del valor anual de la cadena de valor, del cacao en este caso; estándares internacionales ubican dicho porcentaje en al menos 1%.  El país cuenta con activos para apuntalar una inspiradora visión de futuro, entre ellos: una atractiva historia ancestral que contar, recursos genéticos silvestres para trabajar en el desarrollo de nuevas variedades de alto rendimiento resilientes a los cambios ambientales, y ciertamente una naturaleza prodiga.