Buen viaje, Presidente: ¿a aprender de Asia o a buscar el modelo perfecto de poder?
Dr. Jorge Alberto Norero González/Guayaquil
Hay que reconocerle al presidente Daniel Noboa una virtud que pocos gobernantes ecuatorianos han ejercido con tanta disciplina: viajar.
Ahora anuncia una nueva gira por China, Singapur y Vietnam, entre el 16 y el 28 de agosto. Según el Decreto Ejecutivo 469, los objetivos son fortalecer relaciones comerciales, atraer inversiones, ampliar mercados y profundizar la cooperación. Todo eso suena muy bien.
El problema no es que el Presidente viaje.
El problema es que los ecuatorianos seguimos esperando conocer cuánto nos han producido realmente los viajes anteriores.
Porque viajar no es gobernar. Viajar es solamente trasladarse de un lugar a otro. Gobernar es regresar con resultados.
Y mientras Daniel esté en Asia durante casi dos semanas, aquí nos quedaremos los ecuatorianos, privados temporalmente de esa presencia presidencial que —según la propaganda oficial— parece ser fuente inagotable de fuerza, control, disciplina y eficiencia.
¡Qué difícil será vivir sin ella!
China, Vietnam y Singapur: tres modelos para mirar con lupa
Noboa no ha escogido precisamente tres países insignificantes.
China es una potencia económica y tecnológica mundial. Vietnam ha conseguido una transformación económica extraordinaria. Y Singapur constituye uno de los ejemplos más impresionantes de eficiencia administrativa, seguridad, infraestructura y desarrollo económico.
Pero los tres países también obligan a hacerse una pregunta incómoda:
¿Qué es exactamente lo que quiere aprender Ecuador de Asia?
Porque una cosa es admirar la capacidad de un Estado para planificar, invertir, construir infraestructura, controlar la corrupción y desarrollar industrias.
Y otra muy diferente es admirar la concentración del poder político.
Singapur logró transformar radicalmente su Estado mediante instituciones fuertes, disciplina administrativa y una política anticorrupción extraordinariamente severa. China, por su parte, representa un modelo político de partido dominante y una economía que combina planificación estatal con mecanismos de mercado.
Vietnam también tiene un sistema político de partido único.
Entonces la pregunta ecuatoriana es inevitable:
¿Noboa va a Asia a estudiar cómo producir desarrollo o cómo concentrar poder?
Espero sinceramente que sea lo primero.
Porque Ecuador no necesita un partido único
Nuestro país ya tiene suficientes problemas como para agregarle uno más: que terminemos descubriendo que la democracia era demasiado complicada y que lo mejor era eliminar los obstáculos.
Partidos políticos, Asamblea, jueces, organismos de control, oposición, prensa, elecciones, pesos y contrapesos…
¡Qué fastidio!
Mucho más sencillo sería que todos pensáramos igual.
Y ahí aparece una pregunta que no es ninguna fantasía: ¿estamos caminando, consciente o inconscientemente, hacia una democracia cada vez más reducida en la que la oposición pierde espacios y el poder Ejecutivo acumula cada vez más capacidad de decisión?
No afirmo que ese sea el propósito del Presidente.
Pregunto si existe esa tendencia.
Porque en política, como en navegación, no basta saber dónde está uno. Hay que saber hacia dónde está navegando.
La inteligencia artificial también puede enseñar
Aquí aparece una ironía de nuestro tiempo.
Si el Presidente realmente quisiera conocer cómo funcionan los modelos políticos y económicos de China, Singapur y Vietnam, podría preguntárselo a ChatGPT.
No le costaría pasaje aéreo.
No necesitaría hoteles.
No requeriría una comitiva.
Ni viáticos.
Ni avión presidencial.
La inteligencia artificial podría explicarle, en cuestión de segundos, las diferencias entre autoritarismo, democracia liberal, partido único, capitalismo de Estado, economía social de mercado, meritocracia burocrática y sistemas de control institucional.
Lo que la inteligencia artificial todavía no puede hacer es pagar la factura del viaje.
Para eso seguimos necesitando a los ecuatorianos.
Y hay un asunto que sí debería estar sobre la mesa: Coca Codo Sinclair
Aquí el viaje adquiere una dimensión particularmente interesante.
China no solamente es un gigantesco socio comercial de Ecuador. También está directamente relacionada con una de las infraestructuras energéticas más importantes y controvertidas del país: Coca Codo Sinclair.
El Gobierno recibió oficialmente la central en abril de 2026 después de años de controversias por las fisuras detectadas en los distribuidores de agua. Además, Ecuador prevé un contrato de operación y mantenimiento con PowerChina, matriz de Sinohydro, por un período proyectado de 25 años.
Entonces sí hay una pregunta concreta que el Presidente debería responder cuando regrese:
¿Qué va a ganar Ecuador con ese acuerdo?
Porque si una empresa china construyó una obra que terminó con graves cuestionamientos técnicos y ahora otra empresa vinculada al mismo conglomerado va a encargarse de operarla y mantenerla durante 25 años, los ecuatorianos tenemos derecho a saber:
¿Quién asumirá las responsabilidades?
¿Quién garantizará la calidad?
¿Quién pagará si aparecen nuevos problemas?
¿Quién fiscalizará?
¿Y cuánto nos costará?
Porque una cosa es hacer negocios con China.
Y otra cosa es hacer negocios sin aprender de las experiencias anteriores.
Mientras Daniel mira hacia Oriente, Guayaquil mira hacia adelante
Pero existe otro asunto político que merece atención.
Mientras el Presidente esté en Asia, Ecuador seguirá funcionando.
Y particularmente Guayaquil seguirá viviendo su propia batalla electoral.
La discusión alrededor de las candidaturas, las investigaciones judiciales, las alianzas y las posibilidades del correísmo merece ser observada con muchísimo cuidado.
Si una candidatura puede ser impedida por razones jurídicas, que lo decidan las instituciones competentes.
Si existe una investigación penal, que avance la Fiscalía.
Si corresponde una prisión preventiva, que la solicite la Fiscalía y la decida un juez.
Lo que no puede ocurrir en una democracia es que la justicia termine convertida en instrumento de una estrategia electoral.
Por eso sería gravísimo que alguien utilizara el poder político para fabricar, inducir o manipular decisiones judiciales con el propósito de alterar una elección.
No digo que eso esté ocurriendo.
Digo que precisamente porque no debe ocurrir, hay que vigilarlo.
Y si Daniel está en Asia, mucho mejor: que las instituciones ecuatorianas funcionen sin necesidad de que el Presidente esté encima de ellas.
El problema es que Ecuador sigue aquí
Mientras el Presidente conoce China, Vietnam y Singapur, aquí seguimos teniendo asesinatos.
Seguimos teniendo miedo.
Seguimos teniendo ciudadanos encerrados en sus propias casas.
Seguimos discutiendo si el Estado puede garantizar nuestra seguridad.
Seguimos preguntándonos por qué los delincuentes tienen más capacidad de fuego que muchos ciudadanos honrados.
Y seguimos escuchando discursos sobre seguridad mientras la realidad, lamentablemente, continúa desmintiendo a la propaganda.
Tal vez en Singapur el Presidente encuentre la fórmula.
Pero ojalá no se traiga únicamente la parte autoritaria del modelo.
Que se traiga la eficiencia.
La planificación.
La meritocracia.
La lucha contra la corrupción.
La educación.
La tecnología.
La infraestructura.
La disciplina.
Y, sobre todo, la capacidad de hacer que el Estado funcione.
Porque eso sí nos hace falta.
Y respecto de nuestros adultos mayores…
Hay algo que también espero que el Presidente observe.
En sociedades asiáticas con profundas tradiciones culturales, la edad no necesariamente significa inutilidad.
La experiencia tiene valor.
Los mayores no son necesariamente descartados por haber cumplido determinada edad.
En Ecuador, en cambio, comienza a instalarse una curiosa cultura política en la que parece que después de cierta edad uno debe retirarse, sentarse y mirar televisión.
Yo discrepo.
La experiencia no caduca con la edad.
Lo que puede caducar es la capacidad.
Y eso se demuestra individualmente, no con una partida de nacimiento.
Buen viaje, Presidente
Vaya, Presidente.
Aprenda mucho.
Observe.
Pregunte.
Compare.
No se deslumbre solamente con los rascacielos, los trenes de alta velocidad, los puertos, la tecnología y las ciudades impecables.
Pregunte también cuánto cuesta mantener esos modelos.
Cómo se controla la corrupción.
Cómo se selecciona a los funcionarios.
Cómo se mide la eficiencia.
Cómo se castiga al incompetente.
Cómo se protege al ciudadano.
Y, sobre todo, cómo se consigue desarrollo sin destruir la democracia.
Y cuando vuelva, Presidente, no nos traiga solamente fotografías.
Tráiganos resultados.
Porque Ecuador ya tiene suficientes álbumes de viajes presidenciales.
Lo que necesitamos son obras, inversiones, energía confiable, seguridad y empleo.
Y si en China le ofrecen un buen chaulafán, cómaselo.
Si le ofrecen pato a la pekinesa, disfrútelo.
Si aparecen ancas de rana, pruebe una.
Y si le sirven grillos en salsa agridulce…
¡Bueno, Presidente, ahí sí recuerde que usted está representando al Ecuador!
Y una última cosa:
No permita que los chinos nos hagan chinos.
Aunque, pensándolo bien…
si después de tantos años de corrupción, sobreprecios, contratos mal hechos y funcionarios que no responden por nada, los chinos consiguen enseñarnos cómo funciona un Estado eficiente, quizás hasta tengamos que agradecerles la clase.
Buen viaje, Presidente Noboa.
Y cuando vuelva, por favor, díganos qué aprendió.
Porque los ecuatorianos no necesitamos otro viaje.
Necesitamos que el próximo viaje se convierta en resultados.
¡Viva NOBOA, carajo!
Semper Fi
