Opinión

Brindis por la cerveza artesanal

Juan A. Medina

@efe

Sube como la espuma. Su elaboración y consumo es una tendencia en alza que se extiende sin descanso. La historia de la cerveza es tan antigua como la humanidad. Se tienen estudios de que es la bebida alcohólica más antigua, y que ya en el Paleolítico Superior el hombre preparaba “consumiciones” a base de raíces, cereales y frutos silvestres que previamente masticaba para facilitar su fermentación alcohólica.

Con el tiempo, la cerveza ha formado parte de nuestras vidas. Ha sido testigo de celebraciones, de conversaciones, de discusiones, de fiestas, de sol y playa, de disgustos y enfrentamientos, y de procesos de paz y armonía.

Siendo una de las bebidas más consumidas por el ser humano, en los últimos años se ha convertido en una bebida de culto, gracias a la elaboración y demanda de la cerveza artesana, una tendencia en alza que se extiende sin descanso y que satisface a los paladares más exigentes.

Un fenómeno que comenzó a desarrollarse en Estados Unidos, a finales de la década de 1970 y principios de 1980, y que hoy sigue vigente en muchos países del mundo y marcando pautas. Por ejemplo, en el Estado norteamericano de Colorado su cuota de mercado alcanza el 50 por ciento, mientras la media nacional en ese país es del 8 por ciento.

“Estamos hablando de un producto gurmé”, explica apasionadamente Sergi Freixes, autor junto a Albert Punsola del libro El mundo de la cerveza artesanal (Editorial Larousse). “Es necesario diferenciar la clásica cerveza industrial de un producto hecho por auténticos artesanos como es la cerveza artesana”, indica el experto.

Para comprender qué diferencia a la cerveza industrial de la artesanal, Freixes indica que ambas contienen agua, malta, lúpulo y levaduras, “el nexo común entre las dos, pero en el caso de la artesana no está ni filtrada ni pasteurizada. Es decir, en el momento en que se consume es un producto vivo, en todo momento está fermentando”, matiza.

Para acentuar estas diferencias, Freixes detalla la prueba de abrir una cerveza artesanal, volcarla un vaso, quedando dos dedos de espuma. “Te la acercas a tu nariz y te entran una serie de sensaciones que ninguna cerveza industrial provoca, porque está filtrada y pasteurizada. Es como si tomaras agua, con alcohol y un poco de colorante”, comenta.

Además de los cuatro ingredientes de cualquier cerveza, la artesanal añade el ingrediente “mágico”, la parte más creativa que pueden ser miel, agua de mar, resina de abeto, cereales, frutas, hierbas aromáticas, especies… que van en función de la zona o región, y aportan que se transforme en una bebida más especial.

Para este autor, la cultura de la buena cerveza va en aumento y podemos encontrar auténticas maravillas. “Ahora si podemos hablar de que es una moda, pero no es una moda pasajera. Y eso se refleja en cómo crecen mercados como el estadounidense, el mexicano, el inglés, el alemán, el belga, el italiano o el español, dónde se lo están tomando profesionalmente muy en serio”, dice Freixes.

Aunque para el experto “quienes la elaboran no pretenden crecer más, porque se trata de un producto que es como el que quiere hacerse un traje en el sastre en lugar de adquirirlo en una gran cadena de ropa, donde encontrará un mismo traje o patrón para todo el mundo”.

La tendencia al alza de este fenómeno se nota en la gran variedad de cerveza artesanas y en la proliferación de micro cervecerías, según el especialista “a nivel de escándalo”.

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