Opinión

Brasil una aproximación electoral

JESÚS E. MAZZEI ALFONZO. A estas alturas, un tercio de los de los electores brasileños no se han decidido por quien inclinarán su intención de voto en las elecciones del 7 de octubre.

Estamos a cuatro días de las elecciones más difíciles de predecir y de poder visualizar tendencias electorales, de difícil de pronóstico, debido a varios factores: por un lado, la gobernabilidad interpartidista, producto del acuerdo de coalicción presidencial, que le dio sustento al sistema político brasileño y que me dibujado en forma informal desde hace más de 35 años, que hubo históricamente en el Brasil, desde 1984 y el cual gravito alrededor de los partidos: PMDB, el PSDB, PFL, DEM, PSB y el PT, hay que recomponerlo. Cómo en otros países de América Latina, Brasil requiere de un acuerdo de gobernabilidad estable y eficiente.

Por otro lado, la comunicación actual entre los partidos Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el Partido Social Demócrata (PSDB) y el Partido de los Trabajadores (PT) está roto, no hay comunicación política para establecer un piso común de políticas públicas digamos para los próximos 25 años en una agenda de consenso. Y unido a que las reformas económicas aún muy tímidas que reenrumben la economía brasileña, no terminan de cuajar nos da un escenario electoral volátil, donde las soluciones populistas cogen cuerpo y son difíciles de predecir que tipos de políticas públicas van a ejecutar sean estos de izquierda o de derecha.

Asimismo, la situación de la coalicción de gobierno entre el Partido Socialdemócrata Brasileño, el Movimiento Democrático Brasileño, los demócratas brasileños, que no se ha podido repetir en una coalicción electoral exitosa, como en la época de Fernando Henrique Cardoso. Y además, el factor Lula, inelegible por estar cumpliendo condena de 12 años, que aparentemente a logrado pasar su intención de voto a Fernando Haddad, por lo que indican las últimas encuestas de opinión. Por cierto, Fernando Henrique Cardoso exhorto en un apelo a una candidatura única, en una carta que publicó hace dos semanas que causó un gran revuelo.

Estimo que las candidaturas de Jair Bolsonaro por el Partido Liberal que por cierto ya nominó, a su candidato a Canciller (en un gesto político inusual) el administrador de empresas y maestría en ciencia política, descendiente de la familia real brasileña Luiz Philippe de Orléans e Bragança y su vicepresidente General (r) Hamilton Mourão un político con posiciones muy radicales, en una candidatura de derecha, con un claro perfil populista y corte militar, Marina Silva en el centro izquierda, Geraldo Alckmin del PSDB y otros seis partidos, y Ciro Gomès que compite en un escenario también del centro izquierda, que trata de aglutinar a la izquierda, serán los contendientes finales.

De estos pareciera que la segunda vuelta la van a disputar Haddad, que mantiene una tendencia de intención de voto, desde el 8 de septiembre, lo que significa que se ha endosado el apoyo a Lula a este candidato y Bolsonaro, aparentemente estacando, porque las alianzas serán complicadas de tejer en la segunda vuelta.

A estas alturas, hoy jueves 4 de octubre, un tercio de los de los electores brasileños no se han decidido por quien inclinarán su intención de voto en las elecciones del 7 de octubre, y hay una manifiesta división en el voto de centro izquierda.

El sistema político brasileño, debe plantearse firmemente la reforma política, una reforma del estado en general, de su sistema electoral, de la calidad de membresía y los requisitos para formar organizaciones partidistas para evitar el actual archipiélago de organizaciones políticas, retardada en ese sentido, desde hace por los menos 25 años y que estuvo a punto de aprobarse en el 2015, pero ya el deterioro político interpartidista de la colacción que sostenía a Dilma Rousseff, hizo inviable la aprobación de la propuesta a nivel legislativo. Hadad se está planteando una asamblea Constituyente, veremos si tiene viabilidad.

Brasil tiene hasta el momento tres caminos claros: el primero es uno que proponga una verdadera reflexión y reformas al sistema político; aunque no sea a través de un gobierno de coalición, este camino buscará la moderación y la convergencia con sectores moderados del nuevo Legislativo, impulsando reformas con el apoyo de la opinión pública (escenario deseable). Otro camino es un gobierno tradicional de coalición, tanto de centroizquierda como de centroderecha, que puede resistir el mandato emparchando ciertas legislaciones y que hasta puede traer cierta estabilidad, pero que no buscará discutir los problemas de fondo. Y el camino más duro es la radicalización y el populismo, que nos presenta Jair Bolsonaro. Observaremos el panorama y la ruta a las elecciones el 7 de octubre. Incertidumbre y expectativas.

jesusmazzei@gmail.com