Tecnociencia

Borges, el escritor universal

Jorge Luis Borges nació el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, Argentina, y falleció el 14 de junio de 1986 en Ginebra, Suiza. Es considerado el escritor más universal de la literatura argentina -aunque le negaron el Premio Nobel- y para los críticos, un clásico, heredero de Cervantes y Shakespeare. Mucho se ha hablado y escrito sobre Borges, pero quizás lo más relevante, especialmente para aquellos vinculados con el mundo de la escritura, son sus reflexiones sobre el oficio y sus cuentos, como bien lo diría el poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda: “Borges ha dejado sus sueños para que otros los sigan soñando”.

A la edad de siete años, Borges era consciente de que su destino estaba marcado: ser escritor. Descubrió otro universo en las bibliotecas y los libros; y en esas primeras lecturas de enciclopedias, se le revelaron los cuentos de los hermanos Grimm, Julio Verne, Stevenson y Wells. Además, seguía sin titubear los consejos de su padre Jorge Guillermo: “Mi padre me dijo que leyera mucho, pero que solo leyera lo que me daba emoción. Que no leyera por disciplina, o porque un autor fuera clásico o fuera moderno, o estuviera de moda o ya no estuviera de moda; que leyera simplemente textos que me emocionaran. Que solo escribiera cuando sintiera una necesidad de hacerlo, una urgencia íntima, y que me apresurara lo menos posible en publicar”, explicaba el autor a un grupo de jóvenes en uno de los tantos talleres que realizó durante los años ochenta y que luego fue recopilado en el libro Jorge Luis Borges: sobre la escritura, cuya edición estuvo a cargo de Félix della Paolera y Esther Cross.
Para Borges, la lectura y la escritura eran sinónimos de felicidad, de ahí su entrega con tanta disciplina y pasión a la literatura, su compañera fiel: “Las mujeres fueron las únicas que me hicieron pensar en el suicidio; cuando una no me quería ya estaba dispuesto a matarme. Nunca lo hice, siempre tenía que terminar algún cuento o algún poema, y mientras tanto llegaba otra mujer”.
Borges fue un ser humano peculiar: odiaba los best sellers, el fútbol, el nacionalismo, el nazismo, el comunismo, el peronismo, a Fidel Castro y especialmente hablar de política. Quería conocer a Greta Garbo y Rita Hayworth. Alguna vez el poeta Pablo Neruda le dijo que pensaba como un dinosaurio. Prefería su yo poético, aunque sus amigos decían que sus cuentos eran mejores. Fue un apasionado de los libros de Virginia Woolf. Curó su insomnio cuando escribió Funes el memorioso. Nunca le gustó la fama ni dar autógrafos. Consideró El Aleph, Ulrica y El Sur sus mejores cuentos. La ceguera, su gran miedo, lo alejó de la escritura. Y finalmente, nunca le importó la crítica: “Una vez que he publicado un libro, se acabó. Lo mejor es seguir adelante y… a lo pasado pisado. Uno edita un libro para olvidarlo, después el hecho de que tenga éxito o no, de que se venda o no, de que la crítica sea justiciera o benévola, eso es lo de menos. Yo creo que uno debe vivir hacia el porvenir”.
La influencia y la fascinación por la obra de Borges aún permanecen en la literatura, especialmente la hispanoamericana. Un Borges que quería olvidarse, aunque sus libros se resisten a envejecer: “Yo no querría recordar que he sido Borges, querría olvidarlo”.
Fuente: www.eluniversal.com