Bonifacio Morán: una vida escrita entre el diamante y la tierra
Lcda. Diana Ochoa/Guayaquil.
Hay historias que no deberían quedar guardadas solamente en los archivos deportivos. Historias de hombres que, con su talento, sacrificio y perseverancia, ayudaron a escribir páginas importantes del deporte ecuatoriano. Una de ellas es la de Bonifacio Enrique Morán Yela, uno de los grandes referentes de la pelota chica nacional.
Bonifacio nació el 30 de agosto de 1947, en Vinces, y desde muy joven encontró en el béisbol una pasión que terminaría acompañándolo durante buena parte de su vida.
Su historia con el deporte comenzó alrededor de 1962, cuando ingresó a la escuelita de béisbol que mantenía la Federación Deportiva del Guayas para formar a las nuevas generaciones. Aquella escuela estaba dirigida por Ricardo Chacón García, quien tuvo un papel importante en los primeros pasos de numerosos jóvenes que encontraron en el béisbol una oportunidad para desarrollar sus condiciones.
Bonifacio tenía apenas 16 años cuando comenzó a llamar la atención. Integró una selección juvenil del Guayas que participó en un intercambio deportivo en Lima, en un torneo denominado Pentagonal de Mayores. Para aquel muchacho, aquella experiencia internacional significó mucho más que un viaje: fue una primera muestra de lo que podía alcanzar dentro del béisbol.
En 1964, con apenas 17 años, llegó a la primera categoría defendiendo los colores de la novena de Urdesa. Su talento y sus condiciones no pasaron inadvertidos. Posteriormente, don Munir Dassun lo llevó al Club Deportivo Oriente. Más tarde pasó al equipo Pilsener, hasta que finalmente llegó al Barcelona, institución en la que escribiría los capítulos más importantes de su carrera.
En Barcelona encontró una camiseta que terminaría llevando durante 23 años. Allí vivió grandes momentos, consiguió campeonatos y se convirtió en uno de los nombres que forman parte de la historia del béisbol de la institución.
Pero si hubo un momento que marcó especialmente su trayectoria deportiva fue el año 1966.
Con apenas 18 años, Bonifacio Morán fue convocado a la Selección Nacional del Ecuador que participó en el Campeonato Sudamericano celebrado en Guayaquil. El equipo ecuatoriano alcanzó el título y se proclamó campeón sudamericano.
Aquel campeonato representa uno de los capítulos que merecen ser rescatados de la memoria del deporte nacional. Bonifacio, siendo todavía muy joven, tuvo la oportunidad de vestir la camiseta de Ecuador y celebrar un título continental. Para cualquier deportista, representar a su país constituye un orgullo; hacerlo y además conquistar el campeonato convierte aquella experiencia en un recuerdo para toda la vida.
Después vendrían muchos años de entrega al béisbol. Fueron 23 años vinculados al Barcelona, defendiendo sus colores y siendo protagonista de una época en la que la pelota chica tenía un espacio importante dentro del deporte guayaquileño.
Sin embargo, toda carrera deportiva llega algún día a su final.
En 1989, Bonifacio decidió retirarse. No fue una decisión motivada por el abandono de sus principios ni por la pérdida del amor por el béisbol. Simplemente llegó el momento de atender otras responsabilidades. Su familia necesitaba de su tiempo y de su presencia, y Bonifacio entendió que había llegado la hora de comenzar otra etapa.
Y así como había aprendido a enfrentar cada partido sobre el diamante, afrontó el nuevo desafío de su vida: se dedicó a la agricultura.
Resulta casi poético pensar en ese cambio. Durante años estuvo sobre un terreno de juego, siguiendo la trayectoria de una pelota y defendiendo una camiseta. Después, cambió el diamante por la tierra, el uniforme por la ropa de trabajo y los campeonatos por la satisfacción de cultivar.
Pero, en el fondo, no cambió su esencia.
Porque el deporte y el campo tienen algo en común: ambos exigen paciencia, sacrificio, disciplina y perseverancia. En el béisbol se siembra esfuerzo para alcanzar un campeonato; en la agricultura se siembra una semilla con la esperanza de recoger sus frutos.
La historia de Bonifacio Morán es precisamente eso: una vida de esfuerzo y cosechas.
Primero cosechó triunfos en el béisbol. Fue campeón sudamericano con Ecuador, múltiple campeón con Barcelona y protagonista de una generación que dejó huella en la pelota chica ecuatoriana. Después cosechó el respeto y el cariño de su familia, mientras dedicaba sus manos al trabajo de la tierra.
Hoy, cuando se habla de los grandes nombres del béisbol ecuatoriano, la figura de Bonifacio Morán merece ocupar un lugar especial.
No solamente por sus títulos. No solamente por sus 23 años en Barcelona. Tampoco únicamente por haber sido campeón sudamericano a los 18 años.
Su grandeza está también en haber entendido que la vida tiene diferentes innings y que, cuando termina uno, comienza otro.
Bonifacio Morán dejó el béisbol, pero nunca dejó los valores que el béisbol le enseñó.
Y esa también es una forma de ser campeón.
Bonifacio Enrique Morán Yela: una historia del béisbol ecuatoriano que merece ser recordada, contada y transmitida a las nuevas generaciones.
