Opinión

Bolillo y la profecía del desastre

Gerardo Maldonado

germaldo1@yahoo.com

 

 

Nunca llegó convencido para, al menos, conseguir un resultado regular. Las palabras del Bolillo Gómez al sentenciar a Uruguay y Chile como superiores y decir que su presencia en el evento era para aprender, detonaron la autoestima de los futbolistas. El desorden original motivado desde su contratación como DT de la Selección, a pocos días de la salida de la jorga de Luis Chiriboga de la FEF, fue el pecado original cuyo epílogo se vio a plenitud en esta Copa América.

El técnico colombiano experto en ponerse a la defensiva, con sus tonos desafiantes, y hablando más de la cuenta, no justificaron a un equipo caído. El partido contra Uruguay nos mostró la imagen de 30 o 40 años atrás, al ver una Selección llena de miedos. Un entretiempo en el cual el DT pide a sus jugadores defenderse como sea para impedir se incremente el lapidario marcador, fue verdaderamente desmoralizador.

La teoría del efecto Pigmalión, término utilizado por el científico Robert Rosenthal para referirse al suceso mediante el cual, “las expectativas y creencias de una persona influyen en el rendimiento de otra”, se convirtieron en la profecía que se cumplió de manera precisa en los seleccionados, al mostrarse en la cancha debilitados. En la lógica del análisis, la influencia del líder es fundamental en el comportamiento de los dirigidos.

Gómez perdió el liderazgo, la capacidad para incentivar la voluntad de los jugadores. Muchos bajaron los brazos; ni los bailes y llamados a convalecer, provocaron mejoría del rendimiento en la cancha. Se sabe que algunos de los no convocados con buen suceso en el fútbol internacional, no quieren integrar la Selección. Las declaraciones del presidente de la FEF, alargan la agonía de un cambio necesario en la Dirección Técnica. Y ya no queda tiempo; lo mejor sería empezar de verdad un proceso con los jóvenes sub 23 y con los gladiadores del mundial sub 20, sumando a quienes de verdad ambicionan ponerse la gloriosa tricolor por amor, antes que por premios. Sería el comienzo para lograr la modernidad de nuestro fútbol. Y es urgente!…