Ciencia

Bits en lugar de carne y hueso

Los influencers virtuales hiperrealistas basados en inteligencia artificial toman Instagram de la mano de las marcas de moda

Tiene 1,6 millones de seguidores en Instagram y más de 87.000 personas escuchan sus canciones en Spotify. Se llama, según convenga, Miquela Sousa, Lil Miquela o simplemente Miquela. Tiene 19 años y se define como influencer, músico y como… robot. Miquela es un personaje generado por ordenador (CGI) e inteligencia artificial (IA), que ha trabajado para marcas como Prada y Calvin Klein –para quien protagonizó un polémico anuncio con Bella Hadid–, la han entrevistado en el festival de Coachella , la ha tatuado el mismo artista que a Miley Cyrus, y se ha fotografíado con Rosalía.

Además, sus creadores le han creado una auténtica personalidad, lo que la lleva a implicarse en los temas de actualidad como los derechos de la comunidad LGBTIQ o el Black Lives Matters. De hecho, la revista Time la incluyó en, 2018, en la lista de las 25 personas más influyentes de internet.

Detrás de Lil Miquela está Brud, una empresa de robótica aplicada al marketing que a principios de este año recibió 125 millones de dólares en una ronda de financiación, prueba de que hay quien ve mucho futuro en esta nueva “realidad sintética”, como la denominan algunos.

El suyo no es un caso aislado ni nuevo. Son los llamados influencers virtuales hiperrealistas que han aparecido en los últimos años, y que parece que pueden liberar a las marcas de tener que contratar a una celebridad o a un caprichoso influencer humano para acumular seguidores y likes .

De hecho las marcas los encargan. La firma de moda Balmain pidió al artista británico Cameron-James Wilson que diseñara para ella un conjunto de modelos digitales, que incluyera a una mujer blanca (Margot), una negra (Shudu, nombrada la primera supermodelo digital) y a una asiática (Zhi). Pero no todos son mujeres. Kentucky Fried Chicken, la marca de comida rápida, tiene su propio avatar del Coronel Sanders –el fundador de la compañía– que usa, irónicamente, para hacer publicidad mientras se burla de todo este ecosistema de influencers que pueblan la red.

Gemma Vallet, directora del máster de Social Media Branding de La Salle-URL, opina que “estos son canales de comunicación que van a mantenerse porque son mucho más medibles por parte de las compañías”. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, “un post de Lil Miquela puede superar los 100.000 me gusta y sus vídeos el millón de visualizaciones. Hay que reconocer que detrás hay unos estudios fantásticos de los arquetipos y los estereotipos que más atraen a los jóvenes, para lograr el mayor engagement posible, con modelos muy exóticos, muy estudiados y muy sofisticados”.

Son canales de comunicación que se van a mantener porque son mucho más medibles por parte de las compañías”

Claro que eso quiere decir, y esta es una de la grandes críticas en este momento, que son personajes poco realistas y que presentan modelos muy idealizados. Pero tampoco debe estrañar a nadie si, como se repite hasta la saciedad, Instagram es el reino de lo aspiracional.

Los personajes creados por ordenador son el pan nuestro de cada día en la industria cinematográfica y en televisión. Por ejemplo en Gladiator (2000), el fallecimiento del actor Oliver Reed antes de finalizar el rodaje obligó a recrear su personaje digitalmente para las escenas que faltaban. Y en televisión, quién mayor de 40 años no recuerda a Max Headroom, que interrumpía las emisiones para vivir “20 minutos en el futuro” a finales de los 1980. Y más recientemente, el presentador virtual basado en inteligencia artificial de la cadena china Xinhua.

Así que “culturalmente no estamos ante algo que nos sea ajeno, siempre se ha hecho. Estamos en el terreno del entretenimiento y es como la magia, que te gusta, la consumes y lo que menos te importa es saber el truco que hay detrás. Además para las marcas es ideal”, dice Franc Carreras, profesor asociado adjunto de Marketing digital de Esade.

“Los influencers virtuales nacen con la generación de los videojuegos y este tipo de personajes forman parte de su cultura”, dice Vallet. “Por otra parte, cada vez más oímos hablar de robótica, de humanos aumentados y transhumanos, términos con lo que hay toda una generación que está muy familiarizada”, añade.

Los influencers virtuales tienen varias ventajas para las compañías: están menos regulados que sus homólogos humanos, las personas que los controlan no están obligadas a revelar su presencia y no se cansan, no pueden negarse a hacer algo y no hace faltar repetir las tomas de un anuncio mil veces hasta que queda bien. Sale bien a la primera.

Y “aunque en términos de rendimiento el resultado es peo r y tienen mucho menos engagement que los influencers humanos, hay un espacio para los virtuales, porque la gente conecta con ellos del mismo modo que lo hace con un personaje de dibujos animados”, añade Carreras.

La gente conecta con ellos del mismo modo que lo hace con un personaje de dibujos animados”

Sin ir más lejos, hay que recordar que a finales de 2018, un japonés de 35 años pagó 16.000 euros para casarse con el holograma de una cantante, cuyos conciertos despiertan pasión y congregan multitudes en Japón. Y la startup Toonstar permite mediante reconocimiento facial adaptar nuestra cara a un personaje animado y crear historias con el de forma más rápida y más barata que con la animación tradicional.

Fuente: La vanguardia