Opinión

Bicentenario de la libertad

Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil

La trascendencia del 24 de mayo de 1822, confirmada está, va más allá de la simple celebración de la Batalla del Pichincha: es, en realidad la fecha que sella la independencia de la monarquía española.

Por razones fáciles de deducir –relacionadas con esa enfermizo y mal entendido regionalismo-, con el deliberado propósito de afectar a Guayaquil, minimizando y hasta desapareciendo su protagónico rol en la consecución de la libertad política de este país, la historia se escribió y se contó faltando a la verdad, poniendo en el más alto nivel la fecha del 10 de agosto de 1809, la del “primer grito de independencia”. La investigación y abundante documentación histórica probó, sin embargo, que en esa fecha –y los días anteriores- lo que se registró fue un desencuentro entre realistas y, al final, los triunfadores ratificaron su dependencia a España.

Larga y durísima sería la lucha de los historiadores porteños para que los ecuatorianos conozcan la verdad. Será la declaratoria de independencia de Guayaquil, el 9 de octubre de 1820, con la designación del guayaquileño José Joaquín de Olmedo como jefe Político; del coronel peruano Gregorio Escobedo, jefe Militar; y, del coronel venezolano León de Febres Cordero, presidente de la Junta de Guerra, lo que marcaría, definitivamente, la ruta de la libertad para la independencia del Ecuador, concretada en las faldas del Pichincha el 24 de mayo de 1822.

El triunfo de la revolución octubrina (1820) produjo, además, la conformación del ejército guayaquileño, denominado División Protectora de Quito, inicialmente bajo el comando del coronel venezolano Luis Urdaneta. “El pueblo de Guayaquil respondió generosamente con sus jóvenes, caballos, forrajes, uniformes, armamento, etc. La juventud guayaquileña entusiasmada ingresó a las filas de la División”, revela el historiador Magno Marriot.

Saludar fervorosamente el bicentenario de la libertad del Ecuador, ocurrida, el 24 de mayo de 1822, tras la victoria lograda por el ejército liderado por el mariscal Antonio José de Sucre sobre las tropas del jefe realista José Aymerich, es lo que corresponde a todos los ecuatorianos.