Opinión

Benditos sean los recuerdos

Silvio Devoto

sidepaderby@hotmail.com

Igual que esas imágenes que nos presentan ciertos publicistas, debidamente actualizados en seminarios a los que asisten con frecuencia, vinieron a mí en estos últimos días de carreras cuando vi, saludé y conversé con amigos que aprecio sobremanera, Santiago Salem, Antonio Aguirre Jr.  y  Vicente Novillo Jr.

La memoria me retrotrajo a más de medio siglo, exactamente a 1955, cuando sus respectivos padres, Miguel Salem Dibo, Antonio Aguirre Avilés y Vicente Novillo Torres, luchaban a brazo partido por hacer realidad la “resurrección” de nuestra hípica que un lustro antes había sufrido un impacto mortal con el cierre del viejo Jockey Club.

Antes de ello hubiese podido jurar que el tiempo es una cosa inexorable, algo que cae a un abismo eterno y sin final, sin embargo ese grupo de hombres, para ser exactos ese trío de corajudos dio un salto de magia y de repente apareció nuevamente el turf en Guayaquil, en un hipódromo dueño de un encanto singular que deleito a miles y miles de aficionados durante veinte y cuatro temporadas.

Hoy, muchos años después…….. ¿Qué son cincuenta y siete años?… apenas un ramillete de abrazos adormecidos durante algún tiempo, ahora con escasa cabellera plateada  por los años, un sentido apretón de manos en el reencuentro emotivo con sus hijos, ya muy crecidos y algunos nietos de por medio, ya mayores, me lleva a la evocación de esos bien llamados TRES MOSQUETEROS.  Sobre los dos primeros, MIGUEL SALEM DIBO Y ANTONIO AGUIRRE AVILÉS, escribí algún artículo en esta Revista, hoy quiero referirme al tercero de ellos, VICENTE NOVILLO TORRES, pilar indiscutible del turf ecuatoriano.

Dicen que algo de femenino debe tener la hípica para hacernos suyos a primera vista  y mantener en muchísimos casos un amor eterno que heredamos a nuestros hijos y nietos, como en el caso del personaje que motiva estas líneas, que inicio su vida “burrera” en el Hipódromo de la calle Guaranda como Asistente, mano derecha, de don Carlos J. Febres Cordero Molina, que las oficiaba de Gerente.

El fuerte de Vicente Novillo Torres eran los números, el orden, la precisión, sabía hasta donde podía extenderse la sabana y punto, su bondad a toda prueba tenía el límite que marcaba la corrección y la responsabilidad de su cargo.  Más de una vez lo vi extender su mano al necesitado y dar el famoso “revuelo” cuando nos quedamos sin un centavo en el Bolódromo de la calle Boyacá y C. Ballén, primero, luego en Rumichaca y Vélez, y en la última carrera del “Santa Cecilia”.

Manejó las finanzas del “Santa Cecilia” y del “Costa Azul” con absoluta pulcritud, se retiró luego durante unas temporadas, y cuando las cosas se pusieron duras, duras de verdad, se reincorporo a la hípica formando la Compañía S.A.N. (SALEM, AGUIRRE, NOVILLO) que facilitó la continuidad del espectáculo hasta el cierre del Hipódromo y luego la apertura del moderno Buijo.

Vicente activó como dueño de caballos durante varias décadas con su cuadra “Cocinera” observando en todo momento un comportamiento ejemplar que lo hizo merecedor de la confianza de los apostadores.

Hombre sincero y apasionado, honesto y leal, vivió siempre la realidad de nuestro turf y se ganó el cariño de todos los aficionados, brindando, regalando alegría, con un trato cordial y simpático, imposible de olvidar. (Tomado de Revista El Derby /Agosto 2013)

Por las calles del recuerdo…

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