Internacional

Bélgica, acusada de refugio de yihadistas y epicentro del tráfico de armas

 

Según la alcaldesa de Molenbeek, Françoise Schepmans, en un barrio como este el anonimato es más fácil para aquellos con «malas intenciones» que quieren pasar inadvertidos.

BRUSELAS.  Muchos atentados yihadistas cometidos en suelo europeo en la última década, desde los ataques del pasado viernes en París a los del 11M, tienen un punto en común: Bélgica, país al que se acusa de servir de refugio a islamistas radicales y de ser demasiado laxo en la lucha contra el tráfico de armas.

Con once millones de habitantes, Bélgica es el país de la UE con mayor número de yihadistas por habitante, 828 identificados, según un recuento llevado a cabo por el Órgano de Coordinación para el Análisis de las Amenazas (OCAM) publicado a finales del pasado septiembre por la cadena RTL-TVI.

De entre ellos, 270 individuos están en Irak o Siria, 15 se encuentran de camino hacia esos destinos, 129 han regresado a Bélgica, a 62 se les ha impedido partir y 352 tienen la intención de viajar a una zona de combate.

En Bélgica vivieron o se refugiaron, entre otros, Mehdi Nemmouche, principal sospechoso del atentado del museo Judío de Bruselas, Hassan El Haski, acusado de preparar el 11M, y Ayoub El Khazzani, autor del ataque frustrado el pasado agosto en un tren Thalys entre Amsterdam y París.

Dentro del país hay en particular un pequeño distrito comunal, Molenbeek, situado al oeste de la ciudad de Bruselas, con un gran porcentaje de inmigrantes de origen magrebí, que ha servido de base a muchos de los yihadistas que han cometido atentados.

Según la alcaldesa de Molenbeek, Françoise Schepmans, en un barrio como este el anonimato es más fácil para aquellos con «malas intenciones» que quieren pasar inadvertidos.

Salah Abdeslam, sobre quien pesa una orden de detención internacional por su supuesta implicación en los atentados de París y que está en paradero desconocido, residía en ese barrio, al igual que otras dos personas que fueron detenidas el lunes y acusadas de terrorismo por su presunto vínculo con esos ataques.

«Constato que casi siempre hay un vínculo con Molenbeek, que hay un problema gigantesco», admitió hace unos días el primer ministro de Bélgica, el liberal Charles Michel.

El ministro belga del Interior, Jan Jambon, del partido nacionalista flamenco N-VA, dijo por su parte que se va a encargar «personalmente» de la lucha contra la presencia yihadista en ese barrio, al afirmar que «limpiará» el distrito.

Por otra parte, Bélgica también es señalada desde hace años como epicentro de la venta ilegal de armas.

Aunque no hay una confirmación oficial, los investigadores sospechan que Ayoub El Kahzzani, el agresor del Thalys que hacía la ruta entre Amsterdam y París el pasado agosto, podría haber adquirido en Bélgica el fusil con nueve cargadores y la pistola con los que subió al tren en Bruselas.

También habrían sido comprados en el país el kaláshnikov y el lanzacohetes utilizados el pasado enero por los hermanos Kouachi en el ataque contra Charlie Hebdo en París y las armas empleadas por Amédy Coulibaly en una toma de rehenes en un supermercado de París en la que murieron cinco personas.

«Es evidente que demasiados de los fusiles kaláshnikov ilegales llegan hasta aquí procedentes de Europa del este, y tenemos que volver a abordarlo», ha dicho el ministro belga de Justicia, Koen Geens, sobre este problema.

Para combatir la situación se anunció un plan contra las armas que aboga por aumentar la coordinación entre distintos departamentos para luchar contra la transferencia de armas ilegales y por pedir una mayor colaboración en la Unión europea (UE).

Nils Duquet, investigador del «Instituto por la Paz de Flandes», explicó recientemente a Efe que hay distintas razones por las que en Bélgica puede ser fácil adquirir armas ilegales, empezando porque que se trata de un país «con una larga tradición» de fabricantes armamentísticos.

Además, muchos belgas tienen armas, porque la práctica de la caza y del tiro deportivo cuenta con muchos seguidores en el país y numerosos aficionados las coleccionan.

Otra razón, según el mismo experto, es que al ser un país muy pequeño en el centro de Europa, «se puede entrar y salir de manera muy rápida y fácil», y que además es una zona de tránsito «por la que pasan muchas rutas comerciales».

Para el experto, en realidad el tráfico de armas «se trata de un problema europeo, porque con el área Schengen las armas pueden viajar con bastante libertad», por lo que opina que hay que mejorar los controles en las fronteras exteriores.

Las armas que se trafican en Bélgica procedían a principios de los años 90 del antiguo bloque soviético, especialmente de Bulgaria, pero más tarde comenzaron a llegar desde la zona de los Balcanes.

En el mercado negro, según los expertos, es posible conseguir en Bélgica un fusil kalashnikov por entre 1.000 y 2.000 euros y una metralleta Scorpio por unos 1.500 euros.

Señalan también que se puede comprar un lanzacohetes M-82 por 2.000 euros y armas más pequeñas, como un revolver Beretta o un Smith&Wesson, por unos 500 euros. (Efe/ La Nación)