Opinión

Bautizando errores

Juan Javier Campoverde

jj_campoverde@hotmail.com

@JuanCalambre

Cuando se trata de hablar, todos tenemos acentos característicos y jergas. Las regiones en Ecuador muestran ejemplos variados de este hecho.

Los serranos son capaces de pronunciar expresiones indescifrables para los costeños y viceversa, entre estas dos regiones el lenguaje reverbera más; el oriental se aproxima al serrano, y el insular al costeño en cuanto a modismos lingüísticos.

En la sierra existe una expresión utilizada con frecuencia que sorprende, no por la elección de una u otra palabra, ni el acento con que se dice; sino por la estructura en sí. Me refiero a aquellas proposiciones constituidas por el verbo dar antes de otro verbo, éste en su forma simple del gerundio.

Como esta estructura dar + gerundio escapa del concepto de barbarismo, y llamarlo modismo sería un abuso; me tomo la libertad de nombrarlo “darundio”, para hablar de él. Éste siempre está referido a una petición. Ejemplos: “Dame haciendo”, “Da viendo”, “Deme pasando”, “Dará sacando”. ¿Quién no ha oído a un serrano expresarse así?

A pesar de la incorrección, la expresión es aplicada con cariño, e incluso orgullo, a cualquier situación cotidiana. Los quiteños en particular, abrazan la locución al punto de causar la impresión de que ella es fuente de identidad, como si les ayudase a mantener presente el recuerdo de su origen.

Efectivamente, el origen del error no puede ser más antiguo que la conquista. Eso parece explicar la memoria y con ella, cierta aceptación. En cuanto al porqué del resultado, he escuchado opiniones que van desde disminuir la carga de informalidad de la petición, convirtiéndola de directa en indirecta; hasta que es una consecuencia directa de la estructura del idioma quechua.

Lo cierto es que los darundios difícilmente serán corregidos y eliminados, ya que quienes los producen se complacen con ellos. Gracias a esto, tenemos un dicho más para el folklore ecuatoriano. Y aunque a muchos escuchar un darundio les provoque un calambre en el oído, existen otros a los que no. Renegar de estos errores es perder el tiempo. Bautizarlos es más divertido.

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