Opinión

Batalla de Sardinal, la segunda victoria contra los filibusteros norteamericanos

Autor: Vladimir de la Cruz/Costa Rica.

La Guerra Nacional de 1856-1857 contra los filibusteros norteamericanos tiene dos grandes etapas: la primera llamada también Primera Campaña, y la segunda denominada Segunda Campaña.

La Primera Campaña se da desde que el Ejército Nacional, al mando del Presidente Juan Rafael Mora Porras, inicia su marcha hacia Nicaragua a principios de marzo, el día 4, de 1856, inspirados en la Proclama del Presidente Mora, del 1 de marzo: “¡A las armas! Ha llegado el momento que os anuncié”. Eso fue hasta que se produjo la Batalla de Rivas, el 11 de abril de 1856, y consecuencia de ella se desata la peste del cólera que obliga a la tropa nacional a regresar a Costa Rica, con el impacto devastador que tuvo la peste en el territorio nacional.

La Segunda Campaña se produce cuando vuelve el Ejército Nacional a suelo nicaragüense y con ayuda de los ejércitos centroamericanos se producen los combates que culminan el 1 de mayo de 1857, cuando William Walker se rinde y se retira de Centroamérica para preparar una nueva invasión en 1860, en que es capturado en Honduras y fusilado allí en setiembre de ese año, dando fin al peligro que significaron los filibusteros en la región.

A finales de 1855, el Presidente Mora, enterado de los planes anexionistas y esclavistas de los filibusteros, llamó a los costarricenses a prepararse para ir a combatir a los filibusteros.

La Iglesia costarricense, con su primer obispo el Dr. Anselmo Llorente y La Fuente se sumó al llamado del Presidente Mora y colaboró con el Ejército Nacional enviando con sus soldados y combatientes voluntarios un número pequeño de sacerdotes, para que los acompañaran en los distintos destacamentos de combate, a cuyo frente esta el sacerdote Dr. Francisco Calvo, que se desempeñó como Capellán del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y Libertador de la ocupación filibustera en la región.

La tropa marchó a principios de marzo hacia el norte del país. El 17 de marzo estaba llegando, por distintos caminos, a Liberia, donde se sumaron llaneros y sabaneros guanacastecos. La tropa filibustera ya había iniciado la penetración del territorio nacional y el 20 de marzo se encontraba en la Hacienda Santa Rosa, que era bien conocida por los que jefeaban la tropa nacional.

Ese día se produjo la Batalla de Santa Rosa, el la que en cerca de 13 minutos el Ejército Nacional le dio una rotunda derrota a la tropa de 300 filibusteros que se encontraba allí y fueron capturados algunos y fusilados pocos días después. El Presidente Mora había instruido para continuar hacia Nicaragua y barrer todo el territorio nacional para asegurarse de que no quedara filibustero alguno y que si se encontraba alguno, fuera inmediatamente fusilado. El Coronel Schlessinger, que estaba al mando de los filibusteros, no pudo ser capturado, pero pocos días después Walker lo fusiló.

La Batalla de Santa Rosa, a mi parecer, es la más importante de esta etapa, en cuanto es la primera derrota de los filibusteros y lo es en el territorio costarricense, obligándolos a retroceder y salir de Costa Rica. Fue no solo una victoria militar bien planificada y ejecutada, sino una gran victoria moral sobre el ejército filibustero.

La entrada del Ejército Nacional a Nicaragua fue precedida de la Proclama del Presidente Mora, que anuncia el camino y avance de la tropa, advirtiendo a los nicaragüenses el sentido de la misión libertadora que llevaba y no ningún afán ni intención de apropiarse de territorio nicaragüense.

Mientras se avanzaba hacia Nicaragua, se cuidaba y avanzaba en el interior del país para llegar a dominar el Río San Juan, la ruta de abastecimiento de los filibusteros, aprovechando a la vez la ruta establecida por la Compañía del Tránsito en ese río.

La derrota de Santa Rosa impulsó a una parte de los filibusteros a desplazarse hacia Castillo Viejo, sitio que estaba en la rivera del río San Juan; otra parte de la tropa al mando del propio William Walker se acantonó cerca de la ciudad de Rivas.

La tropa costarricense, por su parte, se movilizaba hacia el interior de Nicaragua y, al mismo tiempo, se dispuso que dos columnas de soldados y combatientes se movilizaran hacia la zona de Sardinal, en Sarapiquí, en el territorio costarricense, para, entre otros objetivos, reforzar la pequeña tropa que estaba en El Muelle y en Cariblanco a cargo de los capitanes Francisco González Brenes y Pedro Porras Bolandi, respectivamente. Había dos columnas: una con 100 hombres y la otra con 300. Del mismo modo, se dispuso ejercer control sobre los afluentes nacionales del Río San Juan para evitar que por allí pudieran desplazarse y penetrar los filibusteros.

El 7 de abril la columna de 300 hombres había logrado cruzar el San Juan y estaban ocupando y controlando San Juan del Sur y La Virgen, ya en territorio nicaragüense, asegurando en esta posición una situación de “pinzas” contra los filibusteros de esta zona.

Los filibusteros ya estaban en la zona, en la región de La Trinidad, al mando del Capitán John M. Baldwin.

La columna de 100 hombres costarricenses estaba al mando del General Florentino Alfaro Zamora que, por carecer de embarcaciones, se las ingeniaron para excavar un camino paralelo al cauce del río hasta su desembocadura en el San Juan, donde se instalaron. La tropa movilizada hacia el Río Sarapiquí y Sardinal estaba constituida principalmente por soldados y combatientes alajuelenses. En esta Batalla el General Alfaro fue herido, por lo que tuvo que sustituirlo al mando el Coronel Rafael Orozco.

Los filibusteros, en conocimiento de este avance, movilizaron desde La Trinidad una tropa de 100 soldados que tácticamente la dividieron en dos columnas en cuatro embarcaciones.

El 10 de abril, justo en el sitio donde se encuentran el Sarapiquí y el San Juan, los filibusteros habían tomado posesión del lugar. La tropa costarricense tuvo que enfrentarlos, obligando a los filibusteros a retroceder hasta La Trinidad, mientras los costarricenses dominaban El Muelle, en el caserío de Puerto Viejo de Sarapiquí.

Los filibusteros habían sido de nuevo derrotados.

La Batalla de Sardinal fue la segunda realizada en el territorio costarricense. Con esta Batalla de Sardinal se aseguraba el Ejército Nacional la defensa del territorio nacional, se aseguró el control estratégico del San Juan y se evitó que los filibusteros, aprovechando el Sarapiquí, hubieran podido entrar, por esa parte de nuevo a territorio costarricense. Se evitó, igualmente, la posibilidad de que el Ejército filibustero hubiera realizado ataques y batallas desde la retaguardia al Ejército Nacional.

La Batalla se produjo durante la mañana, dando inicio alrededor de las 8:00 y habiendo terminado ya a las 11:00.

La Batalla de Sardinal es tan importante como la de Santa Rosa, ambas en territorio costarricense, que fueron el límite de llegada de la tropa filibustera, y fueron ambas importantes victorias militares y morales sobre el ejército filibustero.

A horas de la victoria de la Batalla de Sardinal, el 10 de abril, se estaba llevando a cabo la cruenta y definitoria Batalla de Rivas, del 11 de abril.

La derrota militar y moral de los filibusteros del 10 de abril en Sardinal, como la del 20 de marzo en Santa Rosa, debió haber impactado también en la moral combatiente de la soldadesca filibustera en Rivas y en el propio William Walker.

El Río Sarapiquí ya se usaba para el comercio, incipiente en esa época y de difícil acceso.

La Batalla de Sardinal cerró la posibilidad de la llegada de los filibusteros a Heredia y a Alajuela y eventualmente a San José. Demostró también la Batalla de Sardinal que la tropa costarricense estaba preparada para combatir, infligir derrotas a los filibusteros y defender el territorio, la población y la

libertad costarricenses de la amenaza filibustera.

El sitio de la Batalla de Sardinal se ubica hoy en los distritos de La Virgen y Puerto Viejo, ambos del Cantón de Sarapiquí, de la Provincia de Heredia.

El Ejército Nacional estaba comandado por el presidente Juan Rafael Mora Porras, quien se había desplazado a los escenarios de guerra por el general José María Cañas y por el general Joaquín Mora Porras junto con otros importantes militares. Durante el período en el que el presidente Mora se mantuvo en el frente de batalla, Costa Rica estuvo gobernada por el vicepresidente Francisco María Oreamuno Bonilla.