Opinión

Barcelona SC cambia de presidente, pero necesita mucho más que un nuevo nombre

Lcda. Diana Ochoa/Guayaquil.

 

 

El cambio de presidente en Barcelona Sporting Club abre una nueva etapa que va mucho más allá de la salida de Antonio Álvarez y la continuidad de Miguel Montalvo. El problema del Ídolo no parece estar únicamente en quién ocupa el sillón presidencial, sino en cómo se administra una institución que en los últimos meses ha acumulado demasiados frentes abiertos.

La salida de Álvarez se produjo en un contexto especialmente complejo, marcado por su situación judicial y por una creciente crisis institucional. A ello se sumaron la renuncia de David Álvarez como director deportivo, la salida de César Farías y los malos resultados del equipo. La derrota ante Macará, además, terminó con incidentes en el Monumental y una dura sanción para el club.

En ese escenario, Miguel Montalvo aparece como una figura de transición, aunque su discurso apunta a algo más que simplemente completar el período. El nuevo presidente ha descartado convocar a elecciones de manera inmediata y plantea un proceso de reestructuración de 90 días, con la incorporación de un director general y un plan para mantener operativa a la institución hasta finales de año.

Aquí está uno de los principales desafíos: Barcelona no puede limitarse a cambiar de presidente si mantiene las mismas estructuras que generaron los problemas. El verdadero cambio tendría que producirse en la gestión, en la planificación deportiva, en el manejo financiero y, sobre todo, en la capacidad de recuperar credibilidad ante sus socios e hinchas.

Montalvo, además, ha planteado una transformación de fondo: encaminar al club hacia una eventual Sociedad Anónima Deportiva. La idea puede convertirse en una oportunidad para modernizar la administración, atraer inversión y profesionalizar determinadas áreas, pero también exigirá transparencia, reglas claras y un amplio consenso institucional.

En lo deportivo, la situación tampoco permite demasiado margen. La llegada de Pablo Trobbiani como entrenador hasta final de año responde también a una necesidad económica: Montalvo aseguró que el nuevo cuerpo técnico representa una reducción considerable del presupuesto respecto al anterior.

Por eso, el cambio de presidente debe ser visto como una oportunidad y no como una solución automática. Montalvo tiene la posibilidad de marcar distancia de una etapa cuestionada y demostrar que Barcelona puede recuperar estabilidad. Pero para conseguirlo necesitará resultados deportivos, orden financiero, profesionalización administrativa y una relación más sólida con los socios y la hinchada.

Barcelona atraviesa una crisis que no comenzó con la renuncia de Antonio Álvarez y que tampoco desaparecerá con su salida. El verdadero desafío para Montalvo será demostrar que el cambio de presidente significa también un cambio en la manera de conducir al club.

Porque el Ídolo no necesita solamente un nuevo presidente. Necesita recuperar la confianza en su proyecto.