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Un Barça sin alma sucumbe en el Camp Nou

El conjunto vitoriano sorprende al Barcelona (1-2) como ya lo hizo con el Atlético

ESPAÑA. Con una alineación que parecía un arroz de domingo por la noche, los que mi abuela cocinaba con las sobras, el Barcelona recuperó ayer el hilo de la Liga con el Alavés. Solo un jugador de La Masia: Busquets. Hacía 14 años que no jugábamos con sólo un jugador de la casa. Hay que decir también que elBarça sin Messi es como unos huevos fritos sin caviar. Cuando te acostumbras a lo extraordinario, qué duro es tener que volver a mojar pan. Neymar se presentó con el pelo teñido del mismo color que su compañero genio; pero hace falta algo más que un tinte para alcanzar el talento.

Como la cocina antes de Ferran Adrià, el Barça jugaba con maicena en la salsa: pesado, pesado. Crema de leche afrancesada, estas cenas cuya digestión dura más que la ingesta. Más movimiento de piernas que de cerebro, más voluntarismo que profundidad. Cillessen, el nuevo portero del Barcelona, mascaba chicle, algo que en los colegios de pago a los que siempre fui, se consideraba una grosería intolerable.

Durante el primer cuarto hora la dispersión del Barcelona fue total. No solo la alineación del Luis Enrique fue rara, sino que la posición de los jugadores en el terreno de juego era de lo más inusual. El Barça hacía circular el balón a una velocidad mucho más lenta de lo que en él es habitual. Poquísimas ideas, por no decir ninguna, la sensación de aquellas siestas de las que te levantas pastoso, desmoralizado y todavía más cansado.

En el 32, Neymar y Aleix Vidal combinaron de modo que la inteligencia pareció regresada al estadio, pero fue un destello de luz que no tuvo continuidad y enseguida volvimos a la penumbra. Tedio y vulgaridad en un equipo que nos tiene acostumbrados a todo lo contrario.

Y en el 39, tanta mediocridad tuvo su castigo y Deyverson remató a gol un meritorio centro de Kiko Femenía. El Alavés, que se había defendido con prudencia y con rigor, tuvo tal vez un premio excesivo con el gol, pero no hay duda de que los locales merecían sobradamente el castigo.

Buen arbitraje de Melero López. En el banquillo del Barça estaba su esperanza y quedaba todavía entera la segunda parte.

Pero sin cambios ni casi tiempo para nada, en el minuto 46 Mathieu remató un córner servido por Arda y el empate subió al marcador. El córner no era córner, es justo reconocerlo aunque no tenga demasiada importancia. En la jugada inmediatamente posterior, también a la salida de un córner, de nuevo Mathieu falló el gol más fácil de su vida, chutando incomprensiblemente fuera un balón muerto que le había quedado en el área pequeña.

En el 50, el Alavés volvió a marcar, pero en levísimo fuera de juego. Tan levísimo que por si acaso, el Barça tendría que cuadrarle al línier una propina como Dios manda. El Barça pareció reaccionar con una renovada disposición táctica. Rugió el estadio cuando Messi empezó a calentar en la banda. Cuando el argentino atendió las indicaciones de Unzué justo antes de comparecer, la tribuna dejó de mirar el partido para mirarle solo a él. Entró en el minuto 60, sustituyendo a Denis Suárez. Cinco minutos más tarde, entró Iniesta por Arda. Pero el revulsivo funcionó al revés, e Ibai aprovechó un lamentable error de Mascherano para batir a Cillessen, que pudo hacer bastante más. Luis Enrique echó el resto y Suárez sustituyó a Alcácer.

Quedaban 20 minutos, menos el tiempo que el Alavés empezaba a perder.Messi desaprovechó en el 72 una falta óptima para su talento, y el final acercándose inexorablemente empezaba a pesar más, mucho más, que la esperanza. Ni Messi ni nadie intimidaron al rival, ni se hizo presente en ningún momento el espíritu de la remontada. Un Barça precipitado, desestructurado y sin alma sucumbió ante un Alavés menor, que hizo lo que pudo, pero que tampoco fue tanto como para ganar en el Camp Nou. Las rotaciones son comprensibles, y hasta necesarias, pero el Barça, como la gastronomía, y como la Humanidad, necesita a sus genios a tiempo completo si quiere ganar. (ABC/La Nación)